El obispo en el Corpus: “Pedimos que crezca en nuestra diócesis el espíritu de adoración”


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Procesión del Corpus./Foto: Diócesis
Manuel Pérez Moya, Demetrio Fernández y Antonio Prieto./Foto: Diócesis

En las calles del casco olía a romero, mezclado con el aroma de la cera que decoraba los altares que iban a ver a pasar a Su Divina Majestad. Y a la Catedral llegaban numerosos fieles para asistir a la misa que, presidida por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, contó con la presencia del alcalde de la ciudad, José María Bellido. Un hecho, el del regidor representando a los capitulares (civiles) que hacía demasiado que no se producía en esta solemnidad.

Manuel María Hinojosa Petit./Foto: Diócesis

Acompañada por el obispo; el presidente del Cabildo, Manuel Pérez Moya, y miembros de la institución capitular; así como por un nutrido número de sacerdotes de la diócesis de Osio; su Divina Majestad recorrió Cardenal Herrero, Magistral González Francés, Cardenal González, Cruz del Rastro, Ronda de Isasa, Puerta del Puente, Plaza del Triunfo, Torrijos, Cardenal Herrero y entró a la Catedral por la Puerta del Perdón.

En el Triunfo, con el Santísimo Sacramento expuesto a los fieles, el obispo recordó que “Jesucristo resucitado, vivo y glorioso ha salido a las calles de Córdoba para bendecirnos”. Demetrio Fernández subrayó que, “en este año jubilar del Sagrado Corazón pedimos al mismo Jesucristo, que crezca en nuestras parroquias y en toda nuestra diócesis el espíritu de adoración”. Por ello, “solo la adoración a Dios y a Cristo presente en la eucaristía es la que nos hace libres de nuestros egoísmos y de cualquier otra idolatría en nuestras vidas”.

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Procesión del Corpus./Foto: Diócesis

“Que crezca la adoración nocturna, masculina y femenina, por toda la diócesis; que crezcan las capillas de adoración perpetua, como la que hay en la ciudad y pudiera haber en otros lugares o pueblos grandes de la diócesis; que crezca el adoremus entre los jóvenes -ellos mismos dicen que es una experiencia preciosa-; que crezca por las parroquias la adoración, la hora santa, el jueves eucarístico…”, animó el prelado.

El obispo destacó, además, que “cuanto más apreciemos la eucaristía más nos daremos cuenta que son necesarios sacerdotes que la celebren y que sirvan al pueblo de Dios”. Y pidió “al Señor que bendiga a toda nuestra ciudad y a sus habitantes”. Haciendo especial énfasis en las vocaciones, los seminaristas que pronto se ordenarán y los enfermos que no podían estar hoy, adorando a Su Divina Majestad.

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