Joaquín Pérez: “No me podía imaginar que, después de 30 años de sacerdocio, iba a ocurrir eso en mi parroquia”


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Corpus de la Consolación./Foto: Óscar Armenta
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Joaquín Pérez con los responsables del proyecto Amor Conyugal./Foto: Diócesis

La parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, de la capital cordobesa, integra a un buen número de realidades eclesiales, tiene (desde 2015) una capilla de Adoración perpetua y celebra una más que interesante celebración del Corpus. De todo ello nos habla, en la siguiente entrevista, su párroco Joaquín Pérez.

-Realizan en la parroquia una sobresaliente celebración del Corpus, qué destacaría de ella.

-La fiesta del Corpus, de por sí ya es importante. La Iglesia la concibe como una ampliación, diríamos, un momento de celebración más amplio del Jueves Santo. Yo siempre he tenido una gran devoción a la Eucaristía y lo que intento es que la parroquia se haga eco del gran regalo que es para el pueblo de Dios, para la humanidad. Tratamos de darle todo el esplendor posible, por eso -como en otras parroquias- realizamos la procesión del Corpus. Con el tiempo ha ido tomando auge y hemos ido incorporando elementos, como el paso más adornado, una peana y una custodia de una mayor belleza. Y hemos implicado a los vecinos del barrio en la confección de alfombras, que hacen que todo el mundo -de alguna forma- se haga eco de esa gran fiesta de la Eucaristía.

-¿Hay mucha implicación por parte de la feligresía?

-No tanta como la que yo quisiera. En algunos pueblos hay una tradición muy antigua y todo el pueblo hace la alfombra en la calle que le corresponde, colaboran todos los vecinos. He tenido esa experiencia en Priego y Carcabuey. Nosotros hacemos cuatro o cinco alfombras (entre 50 y 60 metros) en determinados puntos del barrio, y este año queremos hacer más. Poco a poco, vamos hablando con los vecinos para que vayan participando de la fiesta y que sea algo del barrio. En ese sentido estamos trabajando. Empecé yo solo, pero ya hay una comisión de laicos que funciona autónomamente. Vamos por ese camino.

-En la Consolación se realiza la Adoración perpetua al Santísimo.

-Son cosas providenciales. Dios te lo pone delante y uno va queriendo ver lo que Dios quiere y va actuando en consecuencia. Mi padre era un hombre muy eucarístico, adoraba mucho al Señor en las Dominicas (cuando estaba en Ambrosio de Morales), en el Colodro. Y, de pequeñito, me llevaba y todo esto me calaba. Ya siendo sacerdote sentía siempre una admiración por la Adoración y por la Eucaristía. Teníamos unos turnos de Adoración en la parroquia y llegó una chica que me habló de estas capillas de Adoración perpetua. Se había abierto la primera en una pedanía de Marbella. Estuve allí y traté de localizar a un sacerdote misionero que venía realizando estas capillas por toda Europa. Eso fue entre los años 2003 y 2004 y hasta 2015 no se pudo realizar, porque se realizó la edificación de este nuevo templo. Gracias a nuestro obispo, don Demetrio, se pudo inaugurar el Domingo de la Misericordia de 2015 y, desde entonces, está abierta la parroquia.

-No se cierra nunca.

-Vamos a hacer cuatro años en que no se ha cerrado la iglesia. La verdad es que para muchos ha sido una bendición, para mí el primero. No esperaba esto. Y menos la repercusión que está teniendo. Es una gran alegría y, para mi sacerdocio, una plenitud y una gran felicidad. Es un servicio que puedo hacer.

-La parroquia integra a numerosas realidades eclesiales.

-Creo que como todas las parroquias. Quizá, la Adoración ha hecho que todo se vea como más grande. Tiene grupo de cáritas, de atención a los enfermos, catequesis de niños, de jóvenes y de Confirmación. También hay un grupo de catequesis de adultos, que ha ido creciendo mucho últimamente. También tenemos los retiros de Emaús, primero empezaron las mujeres y luego los hombres y ahora también los jóvenes, que se llaman Efetá. También los hay de amor conyugal, de matrimonios y los equipos de Nuestra Señora. La verdad es que cuando hay gente que viene al Señor y tiene deseo de hacer algo, nos ponemos a hablar y siempre surgen cosas y se concretan actividades. Tratamos de hacer lo que se puede.

-¿Cuál ha sido el momento que más le ha marcado como párroco, como sacerdote?

-A raíz de todo este movimiento de cosas que se han ido produciendo, lo que me ha cambiado todo es comprender que esto es cosa de Dios y no fruto de un esfuerzo de uno. Dios es el que va moviendo los corazones, porque no me podía imaginar que, después de 30 años de sacerdocio, iba a ocurrir eso en la parroquia que yo llevaba. Entonces, comprender que es Dios el que mueve los hilos y que, en un momento determinado quiere determinadas cosas, eso me ha cambiado por completo la visión de mi propio sacerdocio y la de la Iglesia. Es una alegría constante y una sorpresa constante.

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