Salvador Ruiz: “La pobreza hoy en Córdoba se hereda”


Salvador Ruiz./Foto: BJ
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El director de Cáritas Diocesana de Córdoba, Salvador Ruiz, nos recibe en el centro de Magisterio Sagrado Corazón. Uno de los espacios donde desarrolla su labor profesional. La misma que, cuando concluye cada día, como el mismo explica le deja el tiempo restante para dedicarse a esa necesaria realidad eclesial, a la que le gustaría dedicar aun más esfuerzos, si cabe. Y es que a esa labor hay que sumar que es el responsable de la Delegación de Apostolado Seglar. A estos puestos de responsabilidad hay que añadir que Ruiz ejerce como profesor en la Universidad Pontificia de Comillas-ICADE, de Madrid.

Pese a ello, su tesón y vocación de servicio a la Iglesia son inquebrantables, como muestra la década que, este voluntario de Cáritas, lleva sirviendo a la institución, dentro de la dirección de la misma. De ella nos habla en la siguiente entrevista, con el convencimiento firme de que, como señala el Papa Francisco, “una sociedad que relega parte de su población a las periferias es una sociedad fracasada”. Y, “quizá, nos tendríamos que hacer en Córdoba una revisión importante, con respecto a nuestros barrios”.

-¿Cómo afrontan esta campaña para el Día de la Caridad?

-La campaña tiene una finalidad doble. Por un lado, de sensibilización y visibilización de la realidad que hace Cáritas. Se presenta la memoria de los datos del año anterior; dar la visión de Cáritas de la realidad social de Córdoba y de la provincia (aprovechando que han salido los datos del informe Foesa de Cáritas Española y que en octubre saldrá el Foesa andaluz, con lo cual tenemos una visión bastante importante de cuáles son los datos a nivel español, andaluz y de Córdoba). Otra finalidad importante es la celebración del Corpus, del Día de la Caridad, el agradecimiento a nuestros voluntarios (1.700) de toda la provincia en 167 parroquias. Estamos muy ilusionados con la campaña de este año, para pedir a muchos que vayan ayudando. Que cada esfuerzo, aunque sea pequeño va sumando.

-Ha hablado de los datos, a grandes rasgos, cómo está Córdoba.

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-Los datos, si los tomamos con la perspectiva del informe Foesa de Cáritas Española y el que saldrá a nivel andaluz, nos van reflejando varias cosas. Aunque es verdad que estamos en una salida de la crisis, a la salida de esta tenemos más personas en exclusión que cuando se entró en las crisis. Es decir, ha dejado una bolsa de exclusión que se ha cronificado. A nivel de toda España, hay 1.200.000 personas más en exclusión ahora que en el año 2007. A nivel de nuestra provincia de Córdoba, Cáritas está acompañando a alrededor de 20.000 familias. No son los grandes datos de los años de la crisis (2009 y 2010), pero desde luego son muchas más atenciones y acompañamientos que en los años anteriores a esta. Cáritas está ahora con bastante más trabajo que antes de la crisis. Estamos en torno a las 20.000 atenciones, con una inversión total de 4,6 millones en toda la provincia (contando a todas las cáritas parroquiales y a la diocesana). Se está haciendo un esfuerzo también muy importante en empleo, por encima de los dos millones de euros en inversión.

-Habla de cronificación y también hay un desempleo estructural mayor.

-No solo el desempleo estructural. Según los datos que hemos conocido esta semana, el 14 por ciento de las personas que están empleadas siguen estando en exclusión social. Hoy, tener un empleo no es garantía de salir de la exclusión, porque existen empleos que son bastante precarios. Antes, en una situación normalizada, quien tenía un empleo tenía una garantía contra la exclusión, hoy no. El gran salvavidas que es el empleo, hoy para muchas familias no hay ese aval. Y eso lo vemos en Córdoba. Hay personas que tienen empleo y siguen siendo pobres. Eso supone que hay garantías sociales que no se alcanzan. Hay, por ejemplo, un porcentaje creciente de personas que abandonan tratamientos médicos porque no se lo pueden pagar. La salud en España es gratuita, sí; tenemos un derecho universal a la salud, sí; pero hay personas que no pueden pagar determinados tratamientos médicos. Hay un retroceso en determinados derechos, que esperamos que pueda ir normalizando la situación. Creo que donde está la clave es en que hubo una gran cantidad de sectores de la población que, antes de la crisis, estaban en riesgo de exclusión social. No directamente, al filo de la navaja. La crisis los ha arrojado a la esta y ha durado 12, 13 años, con lo cual hay personas que la salida de la crisis, o bien les pilla en una edad avanzada, o bien bastante temprana. La solución va a estar en que todos tomemos conciencia de que nadie puede quedar en las cunetas de esta crisis. La recuperación no puede ser de unos pocos, ni siquiera de la mayoría, sino de todos.

-¿Cuánto riesgo hay de que se quede gente en esas cunetas?

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-Mucho. De la cantidad de personas que tenemos en exclusión social, hay una bolsa de 1.200.000 que está por encima de lo que teníamos en 2007. Estamos hablando de números, pero no debemos olvidar que detrás de ellos hay rostros, familias, historias… personas que están en la estacada, fuera del proceso de recuperación social. Si nos vamos a los datos 8,5 millones de personas, en España, están en exclusión social. Es una grandísima cantidad de población. Los que están en exclusión severa ya son 4,1 millones. Una situación bastante importante. Esos datos van a encontrar su eco en los andaluces, con el agravante de que España sigue teniendo un gran eje económico Norte-Sur, que ya incluso se ha venido a rotar en el eje Mediterráneo, en el que nosotros seguimos estando incluidos, donde la renta per cápita de las personas que viven en Cádiz, Córdoba o Almería no es la de Barcelona, Madrid o Bilbao. Ahí tenemos una gran desigualdad. Lo veíamos en el informe del INE, que nos decía que cuatro de los 15 grandes barrios en pobreza de toda España estaban en Córdoba. Eso era un dato, pero hay otro todavía mayor. Y es que de esos 15, 12 barrios son andaluces.

-¿Cómo ha llegado Córdoba a esa situación?

-La historia de cómo se fueron formando esos barrios viene de hace 100 años. Estaban en la periferia de Córdoba, principalmente con asentamientos (después se construyeron las viviendas). La propia historia ha sido una historia de exclusión. La cuestión es que no ha habido una acción de conjunto social con respecto a estos barrios. Es verdad que ha habido programas de inclusión sueltos, pero ha faltado -a mi juicio- una acción social de conjunto, que involucre a todos los sectores económicos, sociales, empresariales de Córdoba. Y también a las asociaciones, organizaciones en la inclusión de estos barrios. Al final, la propia inercia de las ciudades tiende a llevar a las periferias aquello que no resulta atractivo y la pobreza, la exclusión no resultan atractivas. Allí no dan problemas, se marca un gran muro invisible, donde ni siquiera la policía o una ambulancia se atreven a pasar. Donde un taxi nunca te llevaría. Salía hace poco un estudio que decía que la mayoría de las personas que viven en esos barrios no quiere vivir en ellos. No podemos decir que están allí porque quieren, sino porque la sociedad los ha relegado a la periferia. El Papa Francisco dice que una sociedad que relega parte de su población a las periferias es una sociedad fracasada. Pues, quizá, nos tendríamos que hacer en Córdoba una revisión importante, con respecto a nuestros barrios.

-¿Se han convertido en guetos?

-En muchos casos sí. A veces tienen su propia ley, con su propia organización, donde las parroquia de esos barrios hacen lo que pueden. Afortunadamente, también hay mucha solidaridad de asociaciones que trabajan en estos barrios. Parece que se han convertido en un barrio aparte, que parece que no son Córdoba, otra Córdoba, que al final de lo que estamos hablando es desigualdad. El Papa Francisco dice también que la desigualdad es la raíz de todos los males sociales. Pues, efectivamente, en Córdoba no vive igual, no tiene la misma esperanza de vida, el mismo iter vital un niño que nace hoy en el barrio de Las Palmeras o en el Polígono del Guadalquivir que un niño que nace en la Avenida de el Brillante o en el centro de Córdoba. No existen las mismas oportunidades en uno y otro caso. Es un fenómeno que se ha venido demostrando de transmisión intergeneracional de la pobreza. La pobreza hoy en Córdoba se hereda y es algo que tendríamos que revisarnos como sociedad y trazar planes y proyectos de conjunto, está claro.

-¿Cómo trabaja Cáritas en esos barrios?

Salvador Ruiz./Foto: BJ
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-Principalmente, a través de la primera línea que son sus parroquias. Tiene 167 puertas que son las 167 cáritas parroquiales, que están abiertas para recibir a todas las personas que la necesitan. Es una gran red de ayuda, de casi 1.700 voluntarios, donde siempre hay uno que está para escuchar, junto con otro equipo que va ayudando. Cáritas trabaja a través de la gran red de las parroquias. En estos barrios están haciendo una labor importante. Los claretianos, el párroco de Santa Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad, los sacerdotes del Sector Sur, la cáritas de El Higuerón. Están trabajando, en la medida de lo posible, en primer lugar, acogiendo a las personas, escuchándolas y tratándolas de ayudar. Obviamente, no tenemos recursos para todas las personas que se acercan, pero nunca falta un hombro sobre el que apoyarse y una persona que te acompaña en tu situación. Muchas veces son problemas tan graves, que no tenemos recursos para ayudar.

-De esas personas, ¿hay algún testimonio que le haya impresionado por encima de los demás?

-Muchos, muchos. Testimonios de personas que dan muestra de haber ido superando, cada día, grandes retos. Personas para las que cada día es único, porque no tiene esperanza para el día siguiente. No tiene un plan más allá de las 24 horas que estoy viviendo. Familias a las que atendemos desde las cáritas parroquiales, a las que vemos como han ido superando enfermedades, dependencias. Son ellos protagonistas de su propio desarrollo y de su propia inclusión. Al final, los voluntarios de Cáritas no somos más que acompañantes de esas situaciones.

-¿Qué tienen que poner las instituciones para que esto no pase, porque no puede caer todo el peso sobre Cáritas?

-Está claro. La administración pública es quien tiene la obligación (estamos en un Estado social y democrático de derecho) de procurar la inclusión social. Nosotros como Cáritas, seguimos el principio de la Doctrina Social de la Iglesia de subsidiaridad, llegamos hasta donde otros muchos no llegan y no repetimos acciones. Cáritas lo que hace, lo hace por una razón de justicia y por caridad, no se oponen, se complementan, se suman y hace que la acción de la Iglesia llegue a los más desfavorecidos. Nosotros lo hacemos por pura institución, porque la Iglesia está para servir a los pobres. Esa finalidad nos diferencia claramente de la administración pública. Esta tiene que atender a las personas que sufren porque, de otra manera, no tendría sentido. Su sentido es garantizar la seguridad de todos sus ciudadanos, que tengan los mismos derechos y las mismas oportunidades. La administración necesita más recursos hacia el ámbito de lo social y que estén bien gestionados y bien dirigidos. Con buenos planes de inclusión, que incluyan a las organizaciones que trabajan en el ámbito de la exclusión. Tampoco es bueno que se arrogue el único derecho a prestar este derecho a las personas que sufren. Las organizaciones del tercer sector que se ocupan también de la inclusión tienen que trabajar conjuntamente con las administraciones públicas. Cada uno desde su prisma, finalidades y desde el espíritu de su propia institución.

-Pero, desde esa administración se recortó la ayuda a Cáritas.

-En los dos últimos ejercicios de IRPF, desde que el reparto se hace desde la Junta de Andalucía, en los dos últimos ejercicios Cáritas tuvo un recorte muy importante. Que llegó, prácticamente, a la mitad de lo que nosotros recibíamos de subvención cuando el reparto era nacional. Es verdad que eso supuso un varapalo importante. De ahí que pedimos la colaboración a toda la ciudadanía. Este año hemos tenido una inversión un poco inferior que en años anteriores, pero es verdad que muchos de los programas han podido seguir adelante gracias a la solidaridad de todos los cordobeses. No sabemos, este año, con el nuevo reparto, con el nuevo gobierno de la administración cómo quedará. Pero es un dinero que nos viene muy bien para nuestros programas y que los ciudadanos han marcado para que vaya a las personas que sufren. En este caso, a través de las instituciones que nos encargamos del tercer sector.

-Habla de programas, si le digo Solemcor, Tabgha, Dorcas…

-Solemcor es el buque insignia de nuestros proyectos. Llevamos unos años donde Cáritas Diocesana de Córdoba ha puesto especial atención a tres pilares. El primero, las cáritas parroquiales, la infantería de Cáritas Diocesana. Es importante estar siempre cuidándolas. Luego están las personas sin hogar. Son las más importantes, porque son los más pobres entre los pobres. Y, en tercer lugar, el empleo. Llevamos unos años en que Cáritas hace un gran esfuerzo en este campo. Porque estamos convencidos de que la inserción social no es posible si no hay inserción laboral. Un empleo digno que apueste por la formación y la intermediación laboral, para que esas personas que Cáritas forma y después contrata puedan salir al mercado laboral y tener una oportunidad. De ahí nace Solemcor, que es la empresa de inserción social de Cáritas Diocesana en Córdoba que tiene 12 años. Que comenzó con la recogida de papel y cartón, y que ya ha abierto su línea de empleo a la recogida y selección de ropa, la recogida de aceite usado… Y también el restaurante Tabgha, la escuela y el taller de confección de Dorcas… son una serie de programas que para nosotros son muy satisfactorios. El restaurante es una de la niña de nuestros ojos porque aborda un problema como es el desempleo juvenil ¿Solemcor soluciona el problema del paro en Córdoba? No. Es un signo de que en Córdoba se puede apostar por la inclusión socio-laboral. Cada año podemos contratar entre 150 y 160 personas en nuestros programas de empleo y es un signo de que se puede apostar por la formación y que las personas que realizan este itinerario completo, al final, mejoran su situación y la de su familia.

-Se cumple un año desde que fue designado director de Cáritas, qué balance realiza.

-No he notado mucho el cambio. Estuve nueve años como secretario general, ahora hago mi décimo año en la dirección de Cáritas. Y esta es muy colegiada, donde el secretario general, el delegado y el director ocupan un puesto de dirección mancomunada. No he notado mucho la diferencia entre lo que hacía como secretario general y lo que hago como director. Un año más de director es un año más de servir a las personas que sufren. Yo digo que es el mejor sitio que existe en la Iglesia, el corazón de la Iglesia es Cáritas y las personas que colaboran y ayudan (donantes, socios…) estamos en el corazón de la Iglesia, que es el mejor sitio donde se puede estar.

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