Así ha llegado el Rocío de Córdoba a la Catedral


Córdoba

Cuando llega el día de Pentecostés, la flauta y el tamboril suenan más fuerte para realizar su alabanza a la Madre de Dios. Antes, desde el primer momento, los rocieros cantan -minuto a minuto- a la Blanca Paloma. Camino de su aldea, en cada oración, en cada golpe de tambor, en cada melodía que sale de la madera.

Y las primeras han sonado este jueves en Córdoba, en la ciudad que Fernando III el Santo devolvió a la cristiandad. En el enclave donde la basílica de San Vicente, la primera que fue, se convirtió en Mezquita y lleva casi ocho siglos como Catedral.

Allí, la flauta y el tambor han sonado para la Madre de Dios, para la Blanca Paloma, para la Virgen del Rocío, que ya aguarda la llegada de sus niños en una marisma infinita en la que, cuando llega Pentecostés, se llena de vivas y olés, en una salve inmortal que rezan y cantan los desterrados hijos de Eva, a ella, a la Virgen, a Nuestra Señora del Rocío.

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