“Sin Guillermo Giménez de la Linde la Semana Santa cordobesa no sería la misma”


Enrique León rememoró las figuras de los cofrades Guillermo Giménez de la Linde y Fray Ricardo en la entrega de premios 'Gota a Gota de Pasión Córdoba 2019'

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Enrique León. /Foto: Jesús Caparrós
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Enrique León. /Foto: Jesús Caparrós

Los premios ‘Gota a Gota de Pasión Córdoba 2019‘ galardonaron a la hermandad del Santo Sepulcro en la categoría de la estación de penitencia. Una distinción que recogió su hermano mayor, Enrique León, para dedicarlo a la figura del reconocido cofrade Guillermo Giménez de la Linde, ya que “sin él la Semana Santa cordobesa no sería la misma”.

Los agradecimientos en su discurso recaían en la trayectoria del “inolvidable” Guillermo “por sus esfuerzos en llevar, por primera vez en el año 86, la estación de penitencia a la Catedral, derribando así las barreras de su época”. Ante este legado, León reconocía sentirse orgulloso de integrarse en esa “última generación de cofrades”, formada por aquellos jóvenes de los años ’70, que quienes como Guillermo “capitanearon la reconfiguración del Santo Entierro”.

De igual manera, quiso rememorar la relación que mantenía con el cofrade Fray Ricardo de Córdoba, quien fallecía horas antes del acto, y con el que compartía  “un espíritu crítico y apasionado de la Semana Santa cordobesa”. Una relación que se veía reforzada por la pertenencia de ambos a la Tertulia Cofrade Juan de Mesa, además de ser, por aquel entonces, el vestidor de la virgen del Desconsuelo cuando Guillermo era hermano mayor del Santo Sepulcro. Finalizó su despedida a Fray Ricardo entonando los versos siguientes:

Y llegamos a La Compañía y sentimos como un batir de alas. Miramos a un lado, miramos a otro. Y de pronto oímos
Soy Rafael Arcángel
Que he bajado desde el cielo
Porque quiero ver salir
A esa flor del Desconsuelo.
Ponerle un palio de duelo
Y un mar de cera oportuna
Que clareé su sendero.
Que entrando en palio postrero, 
Detrás de ti ya, ninguna.

La hermandad del Santo Sepulcro ha sido premiada por la formación ejemplar de su cortejo, en el que los nazarenos visten una túnica ruan con gran compostura, acompañados de un silencio que se extiende a su paso. El guion, cargado de simbolismo y estética, merece ser seguido con detalle desde la cruz de guía hasta los numerosos ciriales que encabezan los pasos. Además, el acompañamiento musical, con capilla de viento en el Señor y coral polifónica en la Virgen crean un ambiente de recogimiento y belleza a lo largo de su recorrido.

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