Fray Ricardo de Córdoba, el enamorado de la Virgen Santísima


Descanse en el Señor aquel que mejor cantó en este siglo las glorias de la Virgen Purísima, quien hoy reclina su rostro en el bendito pecho de la Reina y Señora de los Ángeles

Virgen
Palio de la Reina de los Ángeles./Foto: Luis A. Navarro
Virgen
Palio de la Reina de los Ángeles./Foto: Luis A. Navarro

Hoy, cuando la Iglesia celebra la memoria de un santo franciscano, San Pascual Bailón, el enmaromado de la eucaristía, marcha a la casa del Padre nuestro querido y admirado Fray Ricardo de Córdoba, el enamorado de la Virgen Santísima. Aquel que fue elegido para proclamar las excelencias de nuestra Reina y Señora del cielo y la tierra.

Ricardo, nace en Córdoba el1 de octubre de 1946, ingresa en la Orden Menor de los Franciscanos en el año 1968 realizando sus estudios eclesiásticos en Antequera. Llegó a ser ordenado en Córdoba en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de 1975 por el obispo José María Cirarda Lachiondo en la Iglesia de San Pablo a las plantas de Nuestra Señora del Rosario Coronada, titular de su primera hermandad, la del Santísimo Cristo de la Expiración. Fundador de la hermandad del Císter: Nuestro Padre Jesús de la Sangre y Nuestra Señora Reina de los Ángeles y la de Nuestra Señora de los Dolores de Alcolea e impulsor y animador de tantas otras y en tan diversos lugares.

Ricardo destacó en la faceta de diseñador, dejando auténticas obras de alabanza a la divina Señora en palios, mantos y otras tantas en diversas vestiduras sagradas y ornamentos litúrgicos. Un predicador incansable que le mereció ser el sacerdote más reclamado por todas las hermandades de Andalucía y del resto de España. Pregonero de nuestra Semana Santa y exaltador en innumerables cofradías y aquel nombre propio que no sólo mereció el reconocimiento de cofrade ejemplar sino la admiración y respeto de todos los cofrades. Hay un antes y un después tras Fray Ricardo en la vida de las hermandades y cofradías cordobesas.

Fray Ricardo./Foto: LVC

Hoy damos gracias a Dios por el don precioso de la vida de Fray Ricardo, que se entregó a su ministerio hasta que su agitado, generoso y entregado corazón dijo basta. Ahí quedó, diría aquel que no tiene fe y piensa que todo acaba en este mundo. En cambio, el buen cofrade sabe que el capataz llama de nuevo para vivir la chicotá de la eternidad, que hoy la vida de ese gran fraile sube al cielo por manos de los ángeles y sale a su encuentro la bendita Madre, rodeada de la corte celestial que lo presentará como una ofrenda agradable a la Santísima Trinidad. Descanse en el Señor aquel que mejor cantó en este siglo las glorias de la Virgen Purísima, quien hoy reclina su rostro en el bendito pecho de la Reina y Señora de los Ángeles.

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