Así lució el estreno del palio del Desconsuelo


“En un primer momento, se pensó incorporar dos fanales porta velas a los lados de cada farol y, para ello, se contó con dos diseños encargados a Antonio Cuadrado García”

Nuevos puntos de luz del palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: LVC
Nuevos puntos de luz del palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: LVC
Nuevos puntos de luz del palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: LVC
Nuevos puntos de luz del palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: LVC

El palio de Nuestra Señora del Desconsuelo presentó este Viernes Santo nuevos puntos de luz. Y es que, como se ha indicado desde la hermandad de la Compañía, “desde hace varios años, se amasaba la idea de aumentar la luz en la parte trasera. Una firme decisión hecha realidad tras la última estación de penitencia”.

“En un primer momento, se pensó incorporar dos fanales porta velas a los lados de cada farol y, para ello, se contó con dos diseños encargados a Antonio Cuadrado García”, se ha desvelado desde la corporación penitencial en un comunicado. Si bien, “tras las consiguientes pruebas en agosto pasado, se tomó la determinación de sustituir los actuales faroles por otros nuevos, con cinco puntos de luz, y que transfieran más luminosidad, así como incorporar dos de menos dimensión en el entrevaral de la peana, y que vengan a sustituir las dos tulipas que lleva en la actualidad”. De tal modo que ese “nuevo juego de seis faroles será acompañado por los fanales pensados en principio, confiriendo en definitiva un conjunto de farol y dos fanales a cada entrevaral. Siguiendo la línea que el citado orfebre da a los fanales, se decide definir también la de los nuevos faroles”.

La estética

Nuevos puntos de luz del palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: LVC

Desde la cofradía del Sepulcro se ha subrayado que, dentro de la línea estética, los nuevos puntos de luz del palio del Desconsuelo mantiene la característica línea manierista de la corporación, que se halla claramente definida en el paso del Santo Sepulcro. Mientras que, en cuanto a la estructura arquitectónica y decorativa, está “basada en relicarios, cálices, copones y crismeras que el platero Francisco de Alfaro realizara a finales del siglo XVI para las ciudades de Sevilla y Jerez de la Frontera, personalizando así, el estilo imperante del jienense Francisco Merino (autor más reconocido del manierismo geometrizante) y que influirá a posteriori, en la obra de plateros venideros como su sobrino Francisco de Alfaro y Oña; Juan de Ledesma Merino; o los cordobeses Pedro Sánchez de Luque; Juan Bautista de Herrera y Martín Sánchez de la Cruz. De este ultimo cabe destacar los dos relicarios (hacia 1612) que se conservan en el Monasterio del Císter de Córdoba, uno para la Santa Espina y otro para San Marcos, procedentes del Monasterio de S. Jerónimo de Valparaíso de la misma localidad. Ambos presentan enorme similitud formal a los doce ejecutados por Alfaro (hacia 1596) para la Catedral hispalense”.

La técnica

“Para la forma se decide dotar a los doce fanales de una caja circular, y a los faroles de caja cuadrangular, más amplia que la que ostenta los cuatro actuales”, se ha apuntado desde el Sepulcro. Mientras que, en cuanto a su entalle se refiere, “la base, arranca de forma cuadrangular con continuación de entallado circular moldurado en línea convexa y escocia sucesivamente. Dicha base será común a fanales y faroles. En el fanal, el astil comienza con juego de finas molduras y pieza cilíndrica que enlaza con nudo central ovoide a modo de “bellota”, progresa con una nueva pieza cilíndrica y en su parte alta culmina con gran pieza de media esfera, achatada, invertida y biseccionada horizontalmente, rematada con moldura cóncava y cuarto de bocel. Toda la parte alta del astil sirve de base a las cajas. En los faroles, el entalle se incrementa en altura con una doble pieza de cuarto de bocel y alargado tambor cilíndrico”.

Por otra parte, desde la cofradía se ha especificado que kas cajas (cilíndricas en los fanales y cuadradas en los faroles) se delimitan con molduras sencillas voladizas. Toda vez que, “en los faroles, la que actúa de cornisa, viene precedida a modo de friso de entablamento por una celosía geométrica con decoración de cintas. Las cajas son sustentadas perimetralmente por contrafuertes con tornapuntas a modo de pilastras (tres en los fanales y cuatro en los faroles), y rematados por perillones por encima de la cornisa”. Y en el caso de las cúpulas, las mismas son “peraltadas de media naranja, son nervadas y caladas debido a la utilidad. Descansan sobre alto tambor, y son rematadas con estilizados perillones troncocónicos a modo de linterna”.

La realización

Palio de la Virgen del Desconsuelo./Foto: Luis A. Navarro

“En su hechura, la intención es dar relevancia al entallado y a la línea arquitectónica, anteponiendo estos términos a la mera decoración ornamental, convirtiendo así los propios elementos arquitectónicos en ornamento (recurso frecuente en el estilo)”, se ha destacado desde la cofradía.

Otro de los aspectos que llaman la atención ha radicado en el cincelado. Del mismo se ha destacado que “los motivos a decorar son incisos, realizados con hierros trazadores y uñetas, huyendo lo máximo posible del repujado por el reverso de las piezas. A tal efecto, la técnica a seguir es la de “bajado de fondos” por su anverso, para que el dibujo principal resalte, lográndose ello, mateando los fondos con hierros de diferentes texturas como: granulados, picados, listados, rallados y martelés entre otros, que son los que proporcionan en su aspecto la textura y contraste. El motivo a cincelar y a interpretar es principalmente una equilibrada y elegante decoración de tallo plano con formaciones de ces y cintas, entrelazadas y encadenadas geométricamente, que alternan con lisos pulidos. Los excesos de abultado se aplanan con cinceles denominados planetes. Sirva como ejemplo de la técnica, la empleada por Alfaro en las crismeras y el copón que se conservan en la Iglesia de S. Marcos de Jerez de la Frontera”.

Finalmente, se ha detallado que la microfusión se puede percibir en óvalos; puntas de diamante; gallones adosados biselados, realzados sobre bata; contrafuertes; costillas pareadas, simples y entrelazadas; perillones; y cartelas de cueros recortados, elementos recurrentes en esta época, y que responden al diálogo ornamental habitual del estilo.

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