Benditos cuarteles de Puente Genil


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Cuartel./Foto: Caminos de Pasión

A continuación, les ofrecemos una interesante pieza acerca de los cuarteles de Puente Genil, realizada por el periodista, Rafael Carlos Mendoza.

En Puente Genil aún recuerdan, y no precisamente con cariño, a aquel periodista que un día dedicó unas líneas a la Semana Santa de su tierra y que además lo hizo de una manera más que superficial y hasta “dañina”. Aquel compañero de profesión tal vez ignoraba esta realidad, seguro que porque fue de puntillas por las calles de este municipio de Córdoba y no se zambulló como debiera haber hecho en su peculiar modo de vivir la Pasión.

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Cuartel./Foto: Caminos de Pasión

Qué honor el mío haber corrido una suerte muy diferente a la de aquel. Hasta llegar a Puente Genil yo era prácticamente una hoja en blanco, más allá de saber que los pontaneses cuentan con una Semana Santa poderosa y de Interés Turístico, de honda tradición, con figuras bíblicas y rostrillos que la hacen diferente y singular y, sobre todo, por la fuerte devoción que le profesa el pueblo entero al Terrible. Elementos más que sobrados para que yo sintiera el deseo de vivir un día junto a ellos, a los pontaneses, a hombres y mujeres que un día le juraron amor eterno a su tierra y su Pasión y que en ocasiones hasta cruzan España entera para ponerse la túnica y participar de esta extraordinaria fiesta.

Junto a los hermanos de la corporación de las Tres Negaciones de San Pedro yo sí conseguí navegar por las tradiciones mananteras. La Semana Santa es un magnífico prisma en la que ninguna de sus aristas tiene una importancia mayor que la siguiente ni que la anterior. Es una mezcla maravillosa de fusionar la más bendita religiosidad con otros muchos elementos que hoy seguro aplaudiría el mismo Jesucristo. Me refiero a las vivencia de un cuartel, que, después de lo vivido, nada tienen con lo mucho y perjudicial que he oído y leído de ellos.

En el cuartel de las Tres Negaciones de San Pedro he aprendido que un grupo de personas se unen como hermanos y que se aman como tal. Son la máxima expresión de la convivencia y los valores humanos más elementales y necesarios. Todo ello bajo el paraguas del cristianismo. Se unen en banquete para festejar que Jesús murió crucificado por nosotros y ese banquete no es un almuerzo cualquiera. Tras bendecir los alimentos como buenas casas cristianas que son el ritual se desarrolla de manera muy bella. Cantan a los ausentes, lloran a los que ya no están, abrazan a los nuevos y cantan saetas cuarteleras. Todo ello con innumerables brindis de vino de la tierra empapado en viandas que son fruto de la comunión y el amor que se tienen.

Si caer en este cuartel bien vale para entender que son benditos lugares para vivir la fiesta pontana, los hermanos del grupo te conducen con desbordante hospitalidad y ganas de agradar por otros muchos. Familiares y amigos de túnica negra y cordón desigual se fusionan de cuartel en cuartel. Brindan con “uvitas” y se funden en un sincero abrazo de esos que parten.

Pero hay más elementos que son dignos de mención y que tuve la suerte de vivir en primera persona –y que seguro no como aquel-. Los hermanos abren las puertas de sus viviendas particulares y reciben a sus hermanos e invitados con dulces que ellos mismos han elaborado para festejar la Semana Santa. Cogen fuerzas para disfrutar de otra de las aristas de los pontaneses. Me refiero a las procesiones. Las calles están repletas, como los balcones de las calles por donde discurren los cortejos, para recibir a sus titulares como merecen. He visto innumerables lágrimas en los ojos, posiblemente porque se encomendaron a ellos por algún trance en su vida o sólo porque les traen recuerdos de quien ya no está con nosotros.

Sea como fuere, lo cierto y verdad es que la Semana Santa de Puente Genil es muy pero que muy singular y que no merece ninguna de las acusaciones o críticas que desde fuera se han vertido contra ella. Los pontaneses son gente de un corazón enorme que cuidan sus tradiciones y a los que gusta convivir y celebrar el momento de la Pasión. Hoy quiero recalcar que los cuarteles son benditos lugares seguro que tocados por la mano de Jesucristo. Si no, nada de esto sería posible.

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