Un Miércoles Santo de locos


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Nazarenos del Calvario./Foto: Luis A. Navarro
Federico Jiménez dirigiendo el palio del Rocío y Lágrimas./Foto: Luis A. Navarro

“Hermanos, la Estación de Penitencia ha terminado. Gracias a la ciudad de Córdoba por acompañarnos en este complicado y ya histórico Miércoles Santo”. No le faltaba razón a la hermandad del Perdón cuando publicaba este tuit, tras la conclusión de su salida procesional. La cofradía de San Roque había completado una procesión impecable, en las peores de las circunstancias. Salieron con la amenaza de lluvia a las 23:00, con un aire que presagiaba lo peor y con el cielo encapotado. El cortejo caminó con ritmo, sin correr ni perder los papeles en ningún instante, y a la postre fue el único de la jornada que completó la carrera oficial y regresó a su templo, cuando bien podía haber decidido quedarse en el catedralicio. Valentía, pero con argumentos de peso fue lo que puso sobre la mesa la corporación que dirige Fernando Castro.

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Nazarenos del Calvario./Foto: Luis A. Navarro

La tarde fue de locura. En las Palmeras, la Piedad decidía salir y lo anunciaba con tiempo, ya que este -junto a su largo recorrido- jugaba en contra de los pronósticos. Finalmente, el cortejo se puso en la calle, pero decidió no acudir a la carrera oficial y regresar a su templo. Algo parecido le sucedió al Calvario que, al llegar al cruce de la calle de la Feria, decidió subirla y no buscar el palco de entrada de la Puerta del Puente. Antes, la hermandad de San Lorenzo vio hasta como un farol retrasaba su desfile, ya que hubo que apartarlo sobre la marcha, para que la Virgen del Mayor Dolor siguiera su camino por Ancha de la Magdalena.

Cristo de la Misericordia./Foto: Luis A. Navarro

La Misericordia obró de forma parecida. Salió de San Pedro para, finalmente, bajar por San Fernando (en lugar de Tundidores, Maese Luis, etc.) y regresar a la basílica pontificia sin realizar estación de penitencia en la Catedral.

Palio de la Virgen de la Paz./Foto: Luis A. Navarro

Esos problemas no los tuvieron ni Paz ni Pasión, porque ambas acordaron suspender sus salidas procesionales. La cofradía que dirige Enrique Aguilar, en un ejemplo de madurez, prefirió quedarse en casa, aunque podía recortar su recorrido. La decisión fue acertada, aunque no lloviera, pues todo apuntaba a que sí lo haría. Desde 2013, la hermandad no suspendía y este Miércoles Santo lo hizo en contra de lo que se creía de antemano, con dicha demostración de prudencia.

Pasos de la hermandad de la Pasión en su templo./Foto: Luis A. Navarro

La misma que tuvieron los oficiales del cabildo de Manuel Díaz. La Pasión era la última en salir y la que, según todos los partes, lo tenía peor. Quedarse en la Catedral no era una opción, como tampoco debía serlo tener que volverse en Caballerizas si las precipitaciones aparecían. La dura decisión se vio recompensada con la cantidad de gente que se acercó a San Basilio a disfrutar de los titulares de la cofradía del Miércoles Santo.

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