La perfección del Lunes Santo


Lunes Santo
Sentencia./Foto: Luis A. Navarro
Virgen de las Tristezas./Foto: Luis A. Navarro

Junto al Arco de Bendiciones, la Virgen de las Tristezas despedía el paso de las hermandades del Lunes Santo por el interior de la Catedral. Una densa nube de incienso la envolvía, mientras su coro pronunciaba esa letanía antigua, que encoje el alma. Ella, era la luz entre las tinieblas; la esperanza en el valle más profundo del dolor; la mirada introspectiva de la ciudad que se busca en la cofradía de Ánimas, para reconocerse a sí misma en ella.

Cristo de la Salud en la Catedral./Foto: LVC

Antes, el Lunes Santo dejó otra de sus estampas profundas, de esas que rasgan la piel con su sola presencia, el impacto que deja a su paso el Santo Cristo de la Salud. Un crucificado sin alharacas, sobrio, punzante, que en cada tramo de su angosto recorrido deja tras de sí la huella profunda de la fe, de la piedad popular en hombros de los hermanos que lo portan. Y uno de ellos pesó más, dolió más.

Lunes Santo
Sentencia./Foto: Luis A. Navarro

La vida es un cortejo nazareno, una penitencia impuesta para mejorar que encuentra en el anonimato, de unas pocas horas, el mejor momento para buscarse a uno mismo. Así pasa cuando, camino de San Nicolás, el nazareno de la Sentencia se dirige al templo y, poco después, cuando ya es parte de la procesión. La hermandad que dirige José A. Salamanca ya es una de las grandes y, no solo por su magnífico patrimonio, sino por el gran cortejo que posee y ese saber qué hacer con él en cada momento.

Palio del Dulce Nombre./Foto: Luis A. Navarro

El Lunes Santo adquiere notas de clasicismo en las hermandades que conforman la jornada, pero en el caso de la archicofradía, el buen gusto de la corporación es notorio. Así se pudo contemplar en el palio de la Virgen del Dulce, que estrenaba moldurón. Y que deja en evidencia que, el hacer las cosas despacio, tiene su premio, como se refleja en un baldaquín que es una delicia observar y detenerse sin prisas ante él.

Redención./Foto: Luis A. Navarro

El Lunes Santo es de barrio, de Huerta de la Reina y la Estrella que guía a sus gentes hacia la Catedral. En el templo mayor se pudo disfrutar de una cofradía alegre, serena, que encuentra en el capataz del misterio, Juan Rodríguez, el reflejo de la entrega, de la nobleza, de las personas que definen el estilo de una hermandad que -pese a su juventud, quizá por eso- mira de frente al horizonte que ya visto cumplir a su Virgen 10 años en las calles de Córdoba.

Nazarenos de la Merced./Foto: Luis A. Navarro

La letanía también encoge el alma en San Antonio de Padua, cuando todo un barrio se congrega ante sus puertas para ver salir a la hermandad de la Merced. El Lunes Santo ofreció entonces su rostro más alegre, pero sereno en el porte de unos nazarenos que portan las cadenas invisibles de quienes son presos de sus circunstancias, precediendo a esa Virgen de la Libertad, que da nombre a la cofradía y lleva la certeza por bandera.

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