La lluvia recorta el vía crucis del Cristo de la Luz


El Cristo de la Luz, durante su vía crucis por las calles de Poniente./Foto: Paco Román
El Cristo de la Luz, durante su vía crucis por las calles de Poniente./Foto: Paco Román
El Cristo de la Luz, durante su vía crucis por las calles de Poniente./Foto: Paco Román
El Cristo de la Luz, durante su vía crucis por las calles de Poniente./Foto: Paco Román

Cuando Edwin González presentó la imagen del Cristo de la Luz a los cofrades de la Sagrada Cena, a buen seguro, todos convinieron que se trataba de una imagen con una unción especial. Un crucificado místico que, sin haber procesionado el Jueves Santo con la hermandad, fue protagonista en la primera estación de penitencia en la Catedral, cuando el misterio de Nuestro Padre Jesús de la Fe entró en el Patio de los Naranjos con la marcha Cristo de la Luz. Un protagonismo que, cada Cuaresma se hace evidente en el vía crucis, que preside por las calles del barrio de Poniente.

Y es que el paso del crucificado consigue que las amplias avenidas del barrio se estrechen a la medida de sus brazos en el madero, en ese abrazo de la pasión redentora que deben llevar las cofradías al devoto. Un sentimiento que se nota en el rostro de cada uno de los hermanos de la Cena. Los que lo portan y los que lo llevan sobre su hombro. Los que le rezan y los que repasan toda una vida de trabajo, que ahora abre una nueva etapa, la final y en la que restan por hacer las mejores cosas, como esa salida de su Virgen el próximo Jueves Santo y que verá bendecir su palio esta tarde.

Y, ante ello, ni la lluvia que hizo acto de presencia puede calmar la devoción de unos cofrades, que se vieron obligados a recortar su recorrido y regresar al templo consagrado al Beato Álvaro. Allí, el cénit del piadoso ejercicio fue aun más intenso, más amoroso. Y, en la noche oscura de otra Cuaresma, el Cristo de Edwin González hizo brillar su luz, la Luz que ilumina al mundo.

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