Lectio Divina de Cuaresma, por Antonio Llamas


Lectura, meditación y oración son los momentos que caracterizan a la Lectio Divina

Antonio Llamas./Foto: Jesús Caparrós lectio
Antonio Llamas./Foto: Jesús Caparrós
Antonio Llamas./Foto: Jesús Caparrós
Antonio Llamas./Foto: Jesús Caparrós

Antonio Llamas es licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, Doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Comillas, Doctor en Filología Bíblica Trilingüe por la Universidad Pontificia de Salamanca y Doctor en Filosofía y Letras, Sección Humanidades por la misma universidad. Es profesor del Estudio Teológico San Pelagio, del I.S.C.C.R.R. Beata Victoria Díez y director del Centro Bíblico María Madre de la Iglesia, de Córdoba. Entre sus últimas publicaciones destaca Lectura orante del Audi, filia de San Juan de Ávila, Aproximación al Nuevo Testamento (primera, segunda y tercera parte).

Ahora, el biblista presenta su lectio divina de Cuaresma. Como señalaba llamas en una entrevista concedida a La Voz, “aprendí este método de mi maestro Carlo María Martini, quien me dio clases sólo un trimestre en el Bíblico de Roma porque lo nombraron arzobispo de Milán y, enseguida, Cardenal. Recuerdo que íbamos, algunos que ahora son obispos y un servidor, de Roma a Milán a escuchar a Martini en su Catedral. Mandó construir grandes alfombras que cubrían toda la Catedral y los jóvenes nos sentábamos en el suelo y él se sentaba en el centro, debajo del presbiterio y desde allí hablaba. Ahí aprendí cómo hacer una lectio divina. Nos reuníamos alrededor de 5.000 o 6.000 personas para escucharlo. Nosotros viajábamos toda la noche para llegar y hacíamos transbordo en Bolonia. No teníamos donde parar y una vez nos sorprendieron tres monjas, aseándonos en una fuente pública de Milán. Les contamos el motivo que nos llevaba allí y, a partir de ese momento, nos ofrecieron su casa, cada vez que fuésemos a escuchar al Cardenal Martini. Lo único que nos pedían a cambio era que les explicáramos lo que había dicho el cardenal”.

Lectio Divina de Cuaresma, por Antonio Llamas

Otro de los aspectos que Llamas ponía en valor era que “él la llamaba Escuela de Oración y he continuado con ese nombre. Tiene tres partes. La lectura, que tiene que ser sosegada, pacífica, pero atenta, así como cómplice con Dios y con el Espíritu, porque no estamos leyendo a un autor literario. Es Dios quien, a través del Paráclito, hace que hombres y mujeres pongan por escrito su palabra. Digo mujeres porque en la Biblia hay realidades que las han escrito ellas. Hay cosas bellísimas que no capta la sensibilidad de un hombre”.

“A la lectura, sigue la meditación, ya que una vez que he leído la Palabra de Dios, quiero gustar a Dios. Decía San Ambrosio de Milán que la Palabra es para saborearla, paladearla. Es como cuando la abeja realiza miel en el panal. Y eso es lo que debe hacer el creyente, volver sobre sus pasos para gustarla”, subrayaba el biblista.

Llamas añadía que “la meditación nos conduce a la oración para tener un diálogo sereno con el Señor. A veces, desde el silencio más normal que podamos tener. El silencio aparece en la Biblia en numerosas ocasiones. En el libro de Job, éste le pide a Dios que le hable y el hombre no es quién para decirle al Señor cuando ha de hablar o por qué tiene que hablar. Dios se manifiesta a Job al final de la obra (Jb 38-42). El capítulo octavo del último libro de la Biblia se dice que “se hizo un silencio de media hora en el cielo” (Ap 8, 1). Los judíos entienden el cielo como la habitabilidad de Dios y San Juan se lo explica a los cristianos de esa hora porque la Biblia contiene un mensaje universal”.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here