“El primer costalero de Occidente”


La cuadrilla de costaleros de la hermandad de la Estrella propone nombrar a San Álvaro patrón de los costaleros, en el día de su festividad

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Nuestro Padre Jesús de la Redención en la Catedral, durante el Vía Crucis de las Hermandades./Foto: Jesús Caparrós

La cuadrilla de costaleros de la hermandad de la Estrella ha propuesto, a través de su perfil en la red social Facebook, una interesante iniciativa. La misma radica en nombrar a San Álvaro, como patrón de los costaleros de la capital cordobesa, en el día de su festividad.

Para argumentar su propuesta, desde la cuanta en la red social de la cuadrilla se ha recordado la leyenda que gira en torno a San Álvaro, en la que se indica que este “encontró a un mendigo medio desnudo en el camino. Decidió portarlo hasta el Santuario de Santo Domingo, y al depositarlo en aquellos santos lugares, el mendigo se convirtió en el mismo Señor Jesucristo2.

Para refrendarla, el texto se ha ilustrado con la imagen que se puede encontrar en la capilla de las Ermitas, donde “podemos corroborar como Álvaro, pudo llevar sobre su cerviz al mismísimo Señor”. Asimismo, desde la cuenta de los costaleros de la Estrella se ha hecho hincapié en que San Álvaro es el patrón de las hermandades cordobesas, así como que este fue quien realizó el primer vía crucis de Occidente. Dejando muestra de la importancia de una figura que, durante las últimas décadas.

El creador del Vía Crucis en Occidente

En ese sentido, cabe recordar un artículo publicado en la Voz por Mercedes Cuadro. En el mismo señalaba que, el Beato Álvaro nació a mediados del siglo XIV y desde muy temprana edad ya demostró dotes ante el estudio de la religión y su amor a Dios, hecho que hizo que eligiese el antiguo convento de San Pablo de la capital, como lugar de retiro espiritual. Ya habiendo elegido la orden dominica como su razón de ser, nuestro protagonista se dedicó durante un tiempo a la evangelización y preparación personal, realizando viajes por distintas zonas de España e incluso algunas ciudades italianas, hecho que le enriqueció en todos los niveles. Debido a sus grandes dotes como erudito y su discreción, se ganó la confianza de miembros de la corona española, convirtiéndose de esta manera en el confesor de la reina Doña Catalina de Lancaster, viuda de Enrique III, y de su hijo Juan II.

Antonio Gil, durante la Exaltación a San Álvaro de 2017./Foto: Jesús Caparrós

Su buen talante y mesura ante los miembros de la casa real hicieron que recibiera limosnas abundantes, que le ayudaban en su plan evangelizador. Por ello, al llegar de nuevo a Córdoba, el Beato Álvaro compró en 1423 Torre Berlanga, una antigua torre musulmana que se encontraba en lo que posteriormente iba a convertirse en su gran fundación conventual, el Convento de Santo Domingo de Escalaceli. Pero en la evolución constructiva del complejo monástico tuvo una muy importante influencia, un viaje que este fraile realizó hasta Tierra Santa, donde estuvo conociendo los lugares en los que ocurrieron los hechos de la Pasión de Cristo.

Al volver a Córdoba, ya se dispuso a la organización del lugar, y envuelto por el denominado síndrome de Jerusalén, comenzó la disposición del lugar, partiendo principalmente de la orografía de este sitio, ya que eligió una zona que tuviese el mayor parecido a los paisajes de la Pasión. En torno a esto, funda tres ermitas en este espacio natural: la “Cueva de Getsemaní”, que se encuentra situada en el lugar que dice la tradición que Álvaro de Córdoba subía y bajaba de rodillas rezando; la “Ermita de Santa Cruz” y la “Ermita de Santa María Magdalena”.

Pero sin lugar a dudas, el espacio más significativo de este convento es el denominado “Monte Calvario”, emulando de esta forma, el sitio donde Cristo fue crucificado. Lo más destacado de ello es que nuestro fraile realizó el primer Vía Crucis de Occidente en este monte situado en el Santuario, recordándose a día de hoy este hecho. Un aspecto a destacar, ya que es en nuestra ciudad, en Córdoba, el lugar elegido para rememorar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

El Beato Álvaro de Córdoba falleció finalmente el 19 de Febrero de 1430, dejando como huella, el germen de nuestra Semana Santa hecha camino doloroso en sus principios, enseñándonos que no podemos pasar de largo ante el impedido, pues nunca se sabe dónde podemos encontrar a Cristo. Si algo tenemos que agradecerle, es que nuestra particular Pasión tenga su recuerdo en la historia.

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