De la chicotá perfecta a la extraordinaria más multitudinaria


El Cristo de la Expiración, María Auxiliadora, Santa María de la Merced y Nuestra Señora del Rosario dejaron este año salidas que, con carácter extraordinario, ya son parte de la historia de sus respectivas hermandades. Como también lo son las procesiones del Cristo de Gracia y de Humildad y paciencia. La primera dejó algunas de las mejores chicotás que se recuerdan. Mientras que la segunda estuvo marcada por la multitud de personas que llenó las calles de Córdoba para disfrutar de la extraordinaria del Señor de Capuchinos.
Cristo de Gracia

Córdoba
Santísimo Cristo de Gracia./Foto: Luis A. Navarro

La historia, la auténtica, se escribe con nombres propios. Y en la del Cristo de Gracia hay muchos, tantos como los que valen por cuatro siglos de amor sincero hacia una imagen que, nada más contemplarla, llama al devoto a la contrición, al silencio, al asombro y al escalofrío que es lo más hermoso -y valioso- que tienen las cofradías. Y en el caso de la de los Trinitarios, los de Leocadio y Enrique son parte indisociable de una narrativa distinta de Córdoba.
Como también lo es el de Rafael Sáez y, en las últimas tres décadas, el de Luis Miguel Carrión. El del capataz y su cuadrilla de costaleros han dejado un hermoso capítulo este sábado en Cardenal Herrero, frente a la calle Encarnación, ante la atenta mirada de las monjas cistercienses que, con tanto mimo, han acogido al “más grande”.
Para ellas tenía Curro una levantá de esas que da sentido al trabajo de los hombres, que hacen de la arpillera una forma de vida. A su “alegría” dedicaba el capataz el momento en que su cuadrilla realizaba una de las chicotás más hermosas que se recuerdan. Casi tanto como aquella con la que entró, en 2016, por el Triunfo para buscar la Catedral como esa tierra prometida, como esa Jerusalén cordobesa.
Y todo ello con La Cruz del Nuevo Mundo, estrenada para él, como minutos antes se había hecho en el Patio de los Naranjos con el Gabriel’s Oboe de La Misión. La soberbia interpretación de la agrupación musical del Cristo de Gracia no dejaba lugar sino a la emoción y a la certeza de saber que la historia, esa que solo es tesoro de las cofradías, se estaba escribiendo en la noche de un sábado, 400 años después de que llegara a la ciudad de la que es parte fundamental.
Humildad
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

Para ver al Señor de Martínez Cerrillo, Córdoba se llenó de devotos. Tanto en el Patio de los Naranjos como en las inmediaciones de la Catedral no cabía un alfiler, antes de que el reloj marcase las 19:00 horas. Los romanos de Mvnda comenzaron a rasgar la atmósfera de una jornada de fiesta. Sus cornetas y tambores, en un acto excepcional, habían salido de Montilla para mostrar a Córdoba que, en su Campiña, la devoción al Nazareno guarda un tesoro infinito de siglos, amor y una riqueza que no se puede medir con parámetros normales.
Tras los romanos, el pasacalles prosiguió con la banda de Salud y en el ambiente se aceleraba el pulso expectante de la salida de Humildad. El Patio de los Naranjos rompió en u aplauso y ya nada lo detendría hasta bien entrada la madrugada, cuando el Señor regresó a Capuchinos.
Generaciones de costaleros coincidieron bajo las trabajaderas del Humilde y Paciente, para dar cuenta de una de las cuadrillas míticas de la ciudad, que se ha ganado a pulso el reconocimiento continuo de propios y extraños. Y todo ello, con una Plaza del Potro a rebosar de público, donde el banderín de Nuestra Señora del Rosario (la banda de Cádiz que conquistó Sevilla) saludaba al Señor que lo enamoró en aquel Vía Crucis de la Fe. El magno acontecimiento, donde quedó claro el nivel de la cuadrilla y donde la banda de la Punta de San Felipe explotó, para alcanzar cotas vedadas a la mayoría de las formaciones.

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