“He tratado de hacer una obra no del hombre para el hombre, sino del hombre para Dios”

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La iglesia de San Nicolás acoge la bendición de las figuras del nacimiento realizado por el escultor cordobés, Miguel Ángel González Jurado

Buen gusto, plasticidad, estética, misticismo y un profundo sustrato teológico son algunas de las características del misterio que, con el Niño Jesús, la Virgen y San José, ha realizado de manera portentosa el escultor cordobés, Miguel Ángel González Jurado. Encargado por la parroquia, las imágenes han sido bendecidas en un acto en el que el artista cordobés ha tomado la palabra, para regalar interesantes reflexiones sobre su forma de concebir el proceso creativo.
González Jurado ha comenzado su intervención mostrando su gratitud por el encargo al párroco de San Nicolás, Antonio Evans, a la hermandad de la Sentencia y a la familia Salamanca, “por su confianza y generosidad, siempre tan apasionados y entusiastas con los nuevos proyectos y siempre tan amigos”.


En una alocución en la que, en cada palabra, se ha reflejado la enorme personalidad del artista, González Jurado ha reconocido que “este ha sido un trabajo difícil de desarrollar, porque cuando un encargo te ilusiona y te motiva de una manera completa, lo sueñas. Y, en ese mismo instante, ese sueño que visualizas con tanta claridad se convierte en referencia y meta de la obra”. A lo que ha añadido que “para conseguir concretar lo soñado sufres en el proceso, pero también disfrutas y te enriqueces en la misma medida y con la misma intensidad. Y de eso se trata, de vivir el Arte y hacerlo con pasión, sobre todo, en los retos que me obligan a dar lo mejor de mí, como es el caso”.
“He tratado de hacer una obra cargada de unción, que sea no del hombre para el hombre, sino del hombre para Dios”, ha subrayado el escultor. Quien, en referencia al concepto de la obra, ha desvelado una interesante reflexión: “tuve claro lo que sería, la idea del amor, el amor es belleza que se perfecciona en Dios, es el que nos impulsa a cualquier cosa de bien, es intangible, pero induce a la paz, alegría y serenidad. La belleza nos eleva más allá de nosotros mismos y por ello puede convertirse en un camino hacia lo trascendente”, como sin duda lo es el misterio del nacimiento de Jesús que se ha bendecido en San Nicolás.

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