Las lágrimas de Antonio Salto


Salto
Foto de familia de la Santa Faz con Santiago Gómez Sierra, a la derecha Antonio Salto./Foto: LVC

En la jornada de la de este sábado, el obispo auxiliar de Sevilla, Santiago Gómez Sierra, imponía a María Santísima de la Trinidad su cruz pectoral. La misma que su antigua parroquia le regalara antes de partir hacia Sevilla y que le ha acompañado durante estos años de ministerio por tierras hispalenses. Un hermoso gesto que, cargado de significado, ha llenado de emoción al autor de la Virgen, Antonio Salto.


“Perdona si me pongo a llorar”, se disculpa antes de comenzar la charla. Y la emoción no tarda en aparecer, tras la primera frase. “Es muy grande que un obispo le haga este regalo a una hermandad joven y humilde, como la nuestra”, prosigue Salto. En cada palabra se denota esa emoción de saber que lo sucedido es algo excepcional. No en vano, en Córdoba muy pocas imágenes cuentan con un regalo de este tipo de un prelado. Entre ellas, la del Desconsuelo luce cada Viernes Santo la que le regalara José Antonio Infantes Florido.
Salto recuerda la cruz que porta la Virgen de la Amargura de Sevilla, la que le regalara Bueno Monreal a la imagen a la que tanta devoción tuvo Sor Ángela. Ejemplo que sirve para explicar la importancia del gesto de Gómez Sierra. Mientras que Salto relata como la Trinidad ha sido coronada por sus tres párrocos. De hecho, la imagen tiene la corona y el anillo de Antonio Gómez Aguilar, la diadema y las llaves del Sagrario que le entregó José Juan Jiménez Güeto, y “Santiago le abrió las puertas de la iglesia y ahora le ha hecho este regalo”.
Las lágrimas vuelven al rostro de Salto. Al hombre que dio forma a la devoción y que ha visto como esta ha crecido en su parroquia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here