El obispo auxiliar de Sevilla regala su cruz pectoral a la Trinidad


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Santiago Gómez Sierra besa la mano a la Virgen de la Trinidad./Foto: LVC

Si la jornada de este sábado estaba destinada a ser muy especial para la hermandad de la Santa Faz, gracias a la bendición de la bambalina trasera del palio de María Santísima de la Trinidad y los cuatro ciriales realizados por José Manuel Bernet; el día de la fiesta de regla de 2018 pasará a los anales de la cofradía del Martes Santo. Y es que, durante la celebración litúrgica que ha presidido el obispo auxiliar de Sevilla Santiago Gómez Sierra, este ha regalado a la Virgen su cruz pectoral.


Un simbólico y valioso presente, que han impuesto a la Trinidad el propio Gómez Sierra y el vestidor de la sagrada imagen, Eduardo Heredia, y que ha llenado de emoción a los numerosos hermanos presentes en la celebración litúrgica.
Cabe recordar que el actual obispo auxiliar de Sevilla fue párroco de la Trinidad durante 13 años y consiliario de la hermandad. Cuando fue nombrado prelado, la que era su parroquia le regaló la cruz pectoral, que ahora ha donado a la Virgen, un mes antes de tomar posesión en la capital hispalense. Ahora, Gómez Sierra ha devuelto ese cariño de su parroquia a una de sus más veneradas imágenes. De tal forma que la talla la llevará puesta durante sus cultos y cuando procesione hacia la Catedral, cada Martes Santo. Mientras que el resto del año la cruz estará expuesta en el museo de la Trinidad.
“Un orgullo”

Por su parte, el hermano mayor de la Santa Faz, Rafael Ortiz, ha mostrado su profunda satisfacción por el gesto de generosidad y amor a la Virgen de su antiguo consiliario. “Ha sido una sorpresa para nosotros, para el autor de la imagen (Antonio Salto)2, ha reconocido para subrayar que “nos ha emocionado y algunos hemos llorado. Como hermano mayor es un orgullo, que un obispo de Sevilla nos haga este regalo”.
Ortiz ha explicado, además, que la Virgen de la Trinidad “tiene un anillo de don Antonio (Gómez Aguilar), el de consiliario actual (José Juan Jiménez Güeto), la cruz pectoral de don Santiago y las llaves del sagrario. Es un orgullo para una hermandad tan joven como esta”. Y ha finalizado confesando que “don Santiago no quería imponérsela, porque es muy humilde, pero lo hemos convencido”.

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