Gestos que hacen diferentes a los capataces


Currillo y David han sido los protagonistas de momentos que demuestran la calidad humana que hay en las hermandades

Currillo
David y Currillo.

Un costalero cogió una flor que exornaba el palio de María Santísima de la Trinidad y se la entregó a uno de los devotos que estaban en la plaza. Se trataba de Francisco José Pérez Moreno, cofrade muy vinculado a la parroquia de la Trinidad y a sus hermandades -a la que hay que sumar la de la Sagrada Cena-, que padece una enfermedad degenerativa desde su infancia.
Currillo, como popularmente se le conoce y que iba acompañado por su padre, perdió a su madre a causa de un repentino fallo cardiaco y meses después a su progenitor, tras ser este atropellado. Por este motivo, el costalero del Lirio Blanco de la Trinidad quiso tener un espontáneo y emocionante gesto que, el capataz de la Virgen, Luis Miguel Carrión Curro, completó dedicándole una levantá. En la misma, Carrión tuvo emotivas palabras para recordar a Loli Moreno y pidió a la Trinidad que cuidara de Currillo y de su padre. Así, el mensaje del capataz venía a incidir en uno de los pilares fundamentales en los que basa su concepción de la labor del costalero. La misma radica en que la misión de quienes portan a las imágenes sagradas desarrolla una labor fundamental, puesto que acercan la devoción a quienes necesitan de ellas, para rezarles, pedirles salud o agradecer lo que éstas han hecho por ellos.
Ese momento sucedía el Martes Santo de 2017, mientras que hace apenas unos días, a poco más de 50 kilómetros de Córdoba, otro capataz -David Simón Pinto Sáez- tenía otro gesto impagable con David, un chico que también sufre discapacidad. El capataz cordobés, lejos de querer protagonismo, ponía el acento en la labor y decisión de la familia en el cuidado de un joven que es uno más de los costaleros de la cuadrilla de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos de Puente Genil.
Y es que, como confesaba Pinto Sáez, “desde que me nombraron capataz de Afligidos me empeciné en que David fuera uno más”. Y lo ha conseguido. De hecho, la integración e identificación de David con la cuadrilla es máxima, como reconoce su capataz. El ejemplo que él, su equipo de auxiliares y todos y cada uno de los costaleros ofrecen es la mejor muestra de que la integración es posible.

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