El homenaje del Vía Crucis a dos sacerdotes que cumplen 25 años de ministerio


La hermandad del Lunes Santo hace un regalo muy especial a los presbíteros, Agustín Moreno y José Juan Jiménez

La hermandad del Vía Crucis ha celebrado, en la jornada de este lunes, un homenaje muy especial. El mismo iba dirigido a dos sacerdotes -miembros de la cofradía del Lunes Santo- que, este 2018, cumplen 25 años de su ordenación como presbíteros. Se trata de Agustín Paulo Moreno Bravo y José Juan Jiménez Güeto.


El obsequio es el mayor de los títulos que puede tener un cristiano, el de hijos de Dios. Un detalle que en la hermandad del Vía Crucis conocen bien y es por ello que han regalado a los dos sacerdotes la partida de bautismo de cada uno de ellos. La misma ha sido elaborada en pergamino, hecho por un amanuense, y sellada después por cada parroquia.
Agustín Moreno
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Agustín Moreno./Foto: Jesús Caparrós

El párroco de Santa María Madre de la Iglesia y canónigo de la Catedral de Córdoba, Agustín Paulo Moreno Bravo, cumplía este año 25 desde su ordenación como sacerdote. Fue el 12 de junio de 1993, cuando en el pabellón San Pablo de Sevilla era ordenado por el entonces Papa, Juan Pablo II. Moreno recordaba de aquella jornada que “fue emocionante”. Y apuntaba que “hacía mucho calor en el polideportivo, con las cámaras y la gran cantidad de personas que se dieron cita.
Uno de los detalles de aquella jornada que no olvidaba era “los ojos azules de Juan Pablo II, cuando lo abracé y al darnos la paz”. Y confesaba que, recién ordenado, “me costaba un poco de trabajo asimilar que ya era sacerdote cuando volvía de Sevilla. En el autobús (de vuelta) me preguntaban ¿Cuándo te vas a poner a confesar? Y caía en la cuenta de que ya podía perdonar los pecados”.
José Juan Jiménez
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José Juan Jiménez Güeto./Foto: Jesús Caparrós

“Es como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Fue muy entrañable y emocionante. Se fueron todos los seminaristas y nos quedamos los cuatro que nos íbamos a ordenar con don Gaspar Bustos. Desde que nos levantamos estuvimos en oración, preparándonos. Fue la primera vez que vi a tantos sacerdotes y religiosos juntos en una celebración de ese tipo. Aquello ya me sobrecogió. La llegada del Santo Padre producía una alegría sin estridencias. Me marcó para siempre el momento en que el Papa me impuso las manos”.
Con exactitud y con la emoción en las pupilas, el sacerdote José Juan Jiménez Güeto, recordaba para La Voz el 12 de junio de 1993. Aquel día fue ordenado por San Juan Pablo II y mantiene muy vivo el momento en el que “le di la paz personalmente, Recuerdo que me dio un beso en cada mejilla y otro en la frente. Sentí como el abrazo de un padre que te acoge. Me transmitió una tranquilidad que me hizo no tener miedo”. Y añade que, años después “viví un momento doloroso, pero con gratitud, porque los cuatro estuvimos en su funeral con nuestro obispo Juan José”.

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