Rafael Wals dedica el himno de una generación a la Virgen del Carmen


La exaltación a la Reina del Carmelo pronunciada por el artista cordobés llena de emoción San Cayetano

Wals
Rafael Wals, durante la exaltación a Nuestra Señora del Carmen Coronada./Foto: Javier León

“Veintinueve años hará que nos conocemos y a veces me ocurre contigo lo mismo que con nuestra Mezquita-Catedral: podría estar ante ti un millón de veces y cada una de ellas bien podría ser la primera. Aunque intentara aguantarte la mirada un millón de veces, seguiría preguntándome si realmente te conozco, si soy capaz de abarcarte”. Con estas sinceras y profundas palabras comenzaba su exaltación a la Virgen del Carmen, el conocido cofrade y artista, Rafael Wals.
Con una sentida presentación realizada por Rafael Carlos León, Wals regaló al numeroso auditorio que se acercó a la iglesia de San Cayetano, un pregón de altura, franco, medido, lírica, emocional y, especialmente, artístico. No en vano, la presencia del coro Cantabile (que dirige el exaltador) y la del propio Wals al piano, en algunos de los momentos, hicieron las delicias de los devotos de la Virgen coronada.
El paso por el colegio del pregonero se notó en cada momento, como también estuvo muy presente la dolorosa desaparición del que fuera director de la institución, José Manosalvas, para el que Wals tuvo un recuerdo más que sentido: “En multitud de ocasiones hemos visto levantás, marchas dedicadas, ramos de flores… pero nunca antes se nos había quitado de esa forma el apetito ¡Por no tener no teníamos ni hambre de cofradías! Y es que tal era nuestra desgana que cuando nuestra madre comenzó a bajar la cuesta en el más absoluto de los silencios, muy pocas eran las diferencias que habría que salvar entre aquella película y un cortejo fúnebre que tendría su estación de penitencia más sentida ante el pétreo Cristo de los Desagravios y Misericordia”. Un escalofrío recorrió el templo, cuando -tras esas palabras- Cantabile entonó el motete -creado por Wals a partir de la letra del himno de Santa Teresa-, Vivo sin vivir en mí.
La prosa y la lírica se fundieron para que, tras el sonoro aplauso en la oscuridad del templo, al finalizar la exaltación, la luz del piano de Wals iluminase tocando el Himno de España y el de la Virgen del Carmen, que entonó un público entregado.