La Reina pone el broche a un fin de semana histórico para la Buena Muerte


La dolorosa celebra en San Pedro una jornada para el recuerdo

Reina
Nuestra Señora Reina de los Mártires./Foto: Álvaro Córdoba

En un tiempo marcado por las salidas extraordinarias, la hermandad de la Buena Muerte – por medio de los actos en torno a la Reina de los Mártires-, ha dejado constancia, este fin de semana, de que lo excepcional puede llevarse a cabo sin grandes fastos, pero con el tiempo medido de lo irrepetible. Como lo fue su traslado a la basílica pontificia de San Pedro, el viernes; así como, este sábado, dejó momentos que ya son parte de la mejor historia, cofrade, de la ciudad.
Y ello con un relato que se construyó a partir de un besamanos sí, extraordinario. La Reina de los Mártires ejerció de anfitriona de los centenares de devotos que quisieron acudir a rendirle honores, a saludar a la madre que siempre está cuando las penumbras de la madrugada del alma se hacen más espesas. Es entonces cuando su rostro se torna más tibio, esperanzador. Y ayer lo en marcaba la luz basilical, la del templo donde reposan las reliquias de los primeros cordobeses que dieron su vida por la fe de Cristo y que observaban desde el altar cómo la ciudad, o buena parte de ella, no se olvida de lo que es ni de esa historia, extraordinaria, de fe de la que es garante.
Y, envueltos en esa excepcionalidad, el triduo a Nuestra Señora culminó en San Pedro. Y no lo hizo de cualquier forma, sino a través de una hermosa celebración litúrgica por el rito Mozárabe. Presidida por el deán-presidente del Cabildo Catedral de Córdoba, Manuel Pérez Moya, la misa dio paso al regreso a San Hipólito.
Un retorno excepcional que tuvo en las Capuchinas y San Zoilo dos momentos, una vez más, extraordinarios. Por San Rafael y por los Mártires, su madre y Reina dejó en evidencia que no le hacía falta banda ni palio que la guarde, pues el cuidado de sus cofrades, el paso firme por cada calle y la de un pueblo se miden por los parámetros insondables de la fe. Por Capitulares quedó de manifiesto que las llaves de la ciudad se guardan en el arca de su cultura, de su historia, de la fe y la piedad popular que define a un pueblo, que este sábado estuvo acompañando a su madre, a su Reina, para conmemorar a sus Mártires.

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