La madre de las extraordinarias

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La salida procesional de Humildad y Paciencia abarrota las calles de Córdoba, donde miles de personas se dan cita

Humildad
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

“Ponga una hermandad en su vida” pensará más de un político local, aunque nunca lo reconozca en público. La frase tiene todo el sentido, a la luz del último mes vivido en la capital cordobesa. Y es que, se puede uno lamentar de la cantidad de procesiones, de la falta de efectivos de la Policía para cubrirlas, de los quebraderos de cabeza con la seguridad… Pero lo que no deja de ser cierto es que cuando las cofradías toman las calles de la ciudad, aunque sea una sola con un paso, esta se llena de gente y el sector servicios de Córdoba sobrevive, gracias a esos miles de personas -de aquí y de allá-, que no tienen en su mente más que disfrutar de la imagen del Hijo de Dios o de su bendita Madre.
Sin embargo, más allá de la enorme aportación económica que las hermandades hacen la ciudad; de la foto turística con el casco histórico a reventar de gente en torno a un paso; más allá de todo está la fe de un pueblo. El reducto de la religiosidad popular que, como en el caso de Humildad y Paciencia, no hace sino constatar que las cofradías gozan de una salud de hierro y algunas devociones no hacen sino crecer, conforme el tiempo avanza.
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

Para ver al Señor de Martínez Cerrillo, Córdoba se llenó de devotos. Tanto en el Patio de los Naranjos como en las inmediaciones de la Catedral no cabía un alfiler, antes de que el reloj marcase las 19:00 horas. Los romanos de Mvnda comenzaron a rasgar la atmósfera de una jornada de fiesta. Sus cornetas y tambores, en un acto excepcional, habían salido de Montilla para mostrar a Córdoba que, en su Campiña, la devoción al Nazareno guarda un tesoro infinito de siglos, amor y una riqueza que no se puede medir con parámetros normales.
Tras los romanos, el pasacalles prosiguió con la banda de Salud y en el ambiente se aceleraba el pulso expectante de la salida de Humildad. El Patio de los Naranjos rompió en u aplauso y ya nada lo detendría hasta bien entrada la madrugada, cuando el Señor regresó a Capuchinos.
Humildad y Paciencia./Foto: Jesús Caparrós

Generaciones de costaleros coincidieron bajo las trabajaderas del Humilde y Paciente, para dar cuenta de una de las cuadrillas míticas de la ciudad, que se ha ganado a pulso el reconocimiento continuo de propios y extraños. Y todo ello, con una Plaza del Potro a rebosar de público, donde el banderín de Nuestra Señora del Rosario (la banda de Cádiz que conquistó Sevilla) saludaba al Señor que lo enamoró en aquel Vía Crucis de la Fe. El magno acontecimiento, donde quedó claro el nivel de la cuadrilla y donde la banda de la Punta de San Felipe explotó, para alcanzar cotas vedadas a la mayoría de las formaciones.
A partir de ahí llegaron Puerta Nueva, San Lorenzo, San Andrés y Santa Marina, para alcanzar los jardines de Colón, donde la hermandad de la Paz siempre deja su sello alegre, de fiesta entre la tristeza de un mundo que, en numerosas ocasiones, se ve en su reflejo asombrado de miedo y pobreza. El huracán estaba en los corazones de los costaleros que trazaron chicotás para la historia; en los sones de las cornetas que desafiaron al viento; en los millares de personas que abarrotaron las calles de una ciudad que, pese a quien pese, se vio a sí misma, su historia, su nombre y sus gustos, en la medre de las salidas extraordinarias.

2 Comentarios

  1. Está usted seguro de que Córdoba se llenó de devotos para ver al Señor de Martínez Cerrillo?
    Está usted seguro de que que no tienen en su mente más que disfrutar de la imagen del Hijo de Dios o de su bendita Madre?

  2. Una pregunta, por qué siempre que se escribe o se habla de algún tema cofrade en córdoba tiene que aparecer la palabra “SEVILLA”? No lo entiendo la verdad, no hay un artículo que lea en la que no se nombre dicha ciudad.

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