La espectacular chicotá del Cristo de Gracia


La historia, la auténtica, se escribe con nombres propios. Y en la del Cristo de Gracia hay muchos, tantos como los que valen por cuatro siglos de amor sincero hacia una imagen que, nada más contemplarla, llama al devoto a la contrición, al silencio, al asombro y al escalofrío que es lo más hermoso -y valioso- que tienen las cofradías. Y en el caso de la de los Trinitarios, los de Leocadio y Enrique son parte indisociable de una narrativa distinta de Córdoba.
Como también lo es el de Rafael Sáez y, en las últimas tres décadas, el de Luis Miguel Carrión. El del capataz y su cuadrilla de costaleros han dejado un hermoso capítulo este sábado en Cardenal Herrero, frente a la calle Encarnación, ante la atenta mirada de las monjas cistercienses que, con tanto mimo, han acogido al “más grande”.

Para ellas ha tenido Curro una levantá de esas que da sentido al trabajo de los hombres, que hacen de la arpillera una forma de vida. A su “alegría” ha dedicado el capataz el momento en que su cuadrilla realizaba una de las chicotás más hermosas que se recuerdan. Casi tanto como aquella con la que entró, en 2016, por el Triunfo para buscar la Catedral como esa tierra prometida, como esa Jerusalén cordobesa.
https://www.youtube.com/watch?v=vRb4qq1oYPI&feature=youtu.be
Y todo ello con La Cruz del Nuevo Mundo, estrenada para él, como minutos antes se había hecho en el Patio de los Naranjos con el Gabriel’s Oboe de La Misión. La soberbia interpretación de la agrupación musical del Cristo de Gracia no dejaba lugar sino a la emoción y a la certeza de saber que la historia, esa que solo es tesoro de las cofradías, se estaba escribiendo en la noche de un sábado, 400 años después de que llegara a la ciudad de la que es parte fundamental.

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