Córdoba es salesiana


María Auxiliadora completa una brillante salida extraordinaria, que tiene su epicentro en la Catedral

San Lorenzo, San Pedro, la Catedral y San Agustín fueron algunos de los enclaves que vieron pasar a María Auxiliadora por sus calles y templos durante el recorrido de su salida extraordinaria. Con la celebración de los 100 años de historia del santuario cordobés en el horizonte, la Virgen de Don Bosco salió en busca de la ciudad y las gentes que, de generación en generación, rezaron en su templo, jugaron en su patio, le cantaron rendidos a sus plantas y fueron felices junto a ella, haciendo suya la máxima del santo turinés, que es tan cordobés como universal.


El traslado al templo mayor venía condicionado por la modificación de los horarios. Los numerosos actos del sábado ponían en jaque a la Policía Local y hubo negociaciones hasta el pasado lunes. Aunque no se podía esperar menos de un antiguo alumno salesiano como Emilio Aumente, y todo pudo solucionarse. Eso sí, con la impagable labor del capataz, Juan Carlos Vidal, y su cuadrilla de costaleros, que llevaron en volandas a la Auxiliadora hasta la Catedral, donde la esperaba el obispo, Demetrio Fernández.

La Virgen entró por Santa Catalina, después de haber escrito un nuevo capítulo en la historia de la fe de Córdoba en la basílica pontificia de San Pedro, para reinar en el templo mayor y mostrar la comunión con el obispo de la casa salesiana. El ambiente festivo, la ocasión especial, los meses en que los niños estuvieron preparando las colgaduras… todo se concentraba ahora en el pontifical, en el momento esperado que recordaba cómo, hace ya 100 años, el sueño de Don Bosco brotaba en Córdoba para quedarse.

Cuando la Auxiliadora traspasaba el Arco de Bendiciones para regresar a su santuario, Córdoba era una fiesta. En el Bailío la esperaban centenares de devotos, mientras -de camino- Caído y Fuensanta y el Carmen de Salteras ponían la siempre especial banda sonora de la fe, la que se escribe sobre el pentagrama con marchas que se guardan en la memoria.
Por San Agustín, la madrugada anunciaba la parte final de un día feliz, pero agridulce para quienes no habían podido estar junto a ella, cerquita, para musitarle su canción, como la oración feliz del niño que llegaba a la novena con su mochila, sus libros y su ilusión. Faltaban Paco y tantos, aunque todos habíamos estado allí de alguna manera. Mientras, como no podía ser de otra forma, en el interior del templo se entonó el Rendidos a tus plantas. La ciudad ya lo había hecho, porque Córdoba es salesiana.

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