Algo más que una patrona


patrona
Nuestra Señora de la Fuensanta Coronada./Foto: Jesús Caparrós

Durante poco más de 24 horas la Plaza del Pocito está vacía, la leyenda del caimán se desvanece en la nebulosa de la ausencia y su barrio observa -frágil- que su nombre es menos nombre sin su vecina más célebre, la que se lo puso. Nuestra Señora de la Fuensanta, Coronada por su gente -por aquella Agrupación que presidía Juan Villalba-. Y despreciada en tantas ocasiones, con la ausencia perpetua en los carteles de la Velá.


Pero la Virgen de la Fuensanta, como recordaba el obispo en su homilía, es la madre de todos los cordobeses. Es la patrona de una ciudad y unas hermandades que, ahora, la arropan en legión, tras aquellos primeros años de procesión en que un grupo reducido recorría las calles aledañas al santuario, casi al amanecer.

Ahora, la patrona luce resplandeciente en su paso. Los sones de la banda del Maestro Tejera subliman las marchas que son ofrenda y, por primera vez, una banda de cornetas abre el cortejo. La misma que en su compuesto, Caído y Fuensanta, lleva su nombre en el banderín como el emblema de quienes miran a la ciudad y sus raíces, sin temor.
La Virgen ya está en su santuario y al Pocito regresa la vida. El templo se abrirá en una jornada maratoniana, en la que centenares, miles de personas acudirán a sus plantas, mientras en la plaza tintinean sus campanitas. La procesión ya es un eco feliz en la memoria de los cofrades que formaron el nutrido cortejo, de los representantes que sí quisieron acompañarla. La patrona ya está en su santuario y merece ser algo más, quizá, alcaldesa perpetua.

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