Una petición muy especial en las manos de la Virgen de la Sierra


Virgen
María Santísima de la Sierra./Foto: LVC

El cuatro a las cuatro. Ese día y esa hora del mes de septiembre llevan impreso un nombre, el de María Santísima de la Sierra. La Virgen milagrosa, que todo lo puede y a la que miles de devotos acuden cada año para pedirle, agradecerle o, sencillamente, verla un año más. Bajo su bandera, como una patria final de la fe de sus devotos, la multitud acude al Picacho para verla bajar a su ciudad, rodeada por el amor de su pueblo.
La Virgen de la Sierra, lejos de caminar sola, demuestra en cada ocasión su poder de atracción, como en aquel histórico besamanos que tuvo lugar en la parroquia de la Trinidad, con motivo de la Magna Mariana. Y hoy tampoco lo ha hecho. Por el contrario, una multitud de egabrenses han lanzado sus vivas al cielo de la Subbética. Mientras la centenaria imagen se acercaba a Cabra, para que Fernando Priego se suba a su trono áureo y le entregue el bastón de mando de la ciudad. Porque Ella manda, desde hoy, en el pueblo al que quiere y protege. Sin miedos y sin complejos, su gente se arrodilla ante ella, comenzando por su alcalde.


Y el olor a nardo lo inunda todo y llega hasta una habitación de Hospital en Córdoba. Para que uno de sus hijos predilectos se impregne del aroma de su madre y sonría, con el eco de las coplas a su Virgen de la Sierra. La misma que porta en sus manos las flores que les han sido depositadas por él, por Miguel Jiménez Güeto. Para que pronto esté en el Picacho, una vez ante ella, y bese sus manos como lo que son, las de la madre del cielo, las de la Virgen milagrosa. María Santísima de la Sierra.

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