Jesús Poyato: “En nuestra cultura educativa actual hay palabras que han quedado borradas del mapa”


Director adjunto del Centro de Magisterio Sagrado Corazón, para el vicario de la ciudad cuenta con una amplia experiencia en las aulas, que también ha dejado patente en el Seminario San Pelagio y en el instituto superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez. Este miércoles presenta su libro Otra educación, sugerencias para educadores y familias. Una obra sobre la que Poyato destaca que “el lector encontrará pautas seguras que ayuden en la apasionante y compleja tarea de educar”.
En la siguiente entrevista, el sacerdote y profesor explica los retos que tiene por delante la educación. En este sentido no duda en señalar que “la educación es posible cuando se tiene claro el fin y se van poniendo los fundamentos básicos acordes a la verdad del hombre. Estos fundamentos son los que nosotros proponemos a lo largo del libro en el ámbito de la escuela y en el de la familia”.
-¿Qué se va a encontrar el lector en esta obra?

Poyato
Jesús Poyato./Foto: Diócesis

-El objetivo de este libro es ofrecer una reflexión con pistas y sugerencias prácticas para educadores y familias que puedan iluminar un concepto de educación que tiene como centro a la persona. Por tanto, el lector encontrará pautas seguras que ayuden en la apasionante y compleja tarea de educar.
-¿Cuánto tiempo le ha llevado prepararla?
-No he querido ocuparme de la cuestión educativa de una forma puramente teórica, sino que he tratado de desarrollar esta temática a partir de la propia experiencia personal. En este sentido, al comienzo eran tan sólo apuntes personales, charlas con alumnos y profesores o encuentros con familias. Desde hace un año aproximadamente he ido dándole forma, sistematizando ideas y desarrollando algunos temas propuestos.
-“Otra educación” ¿Cómo es, en líneas generales la actual?
-En los países desarrollados la educación parecía una cuestión ya resuelta, y, sin embargo, hoy día se ha vuelto problemática. Existe una sensación palpable de confusión y sincera preocupación. En España, el desplome de los resultados según los últimos informes PISA es innegable e imparable. Se habla a menudo de fracaso escolar, malos resultados y hasta violencia en los centros, pero no se escucha que te tenga que cambiar el modelo ni retocarlo lo más mínimo. Creo que es necesaria una profunda revisión, que deje al margen cuestiones ideológicas, que reflexione sobre la finalidad de la educación y que tenga como centro a la persona y su crecimiento personal. Se ha intensificado la burocracia, reuniones de coordinación y tutorías, y a pesar de toda la actividad la calidad baja notablemente. También sería necesario recuperar el prestigio y la autoridad del docente. En el ámbito familiar es urgente recuperar el protagonismo educativo de la familia con todo lo que ello implica. Por supuesto, la educación actual también tiene sus luces: se ha logrado generalizar la educación, se han mejorado las condiciones de los docentes, se ha dotado de recursos muy valiosos, etc.
-Entre las sugerencias para educadores y familias, ¿cuáles son las más urgentes?
-Sería difícil señalar sólo algunas, porque a lo largo del libro se van tratando muy diversas cuestiones en donde se van ofreciendo pistas y sugerencias. Desde luego, la educación es posible cuando se tiene claro el fin y se van poniendo los fundamentos básicos acordes a la verdad del hombre. Estos fundamentos son los que nosotros proponemos a lo largo del libro en el ámbito de la escuela y en el de la familia.
-¿Qué carencias tiene la educación actual?
Jesús Poyato./Foto: Diócesis

-En nuestra cultura educativa actual hay palabras que han quedado borradas del mapa: trabajo, estudio, responsabilidad, esfuerzo, autoridad, etc. Predomina una dimensión fragmentaria del saber, un olvido de la verdad y el imperio del relativismo, una pedagogía del confort o una superprotección del educando. Un igualitarismo entendido, no como oportunidades para todos, sino aprobado para todos, o una laicidad mal entendida. Además, podríamos añadir: confianza ingenua en el desarrollo espontáneo del individuo, el ambiente de excesiva dispersión en la forma de vida de niños y adolescentes, analfabetismo afectivo, escasa atención de las familias, desmotivación generalizada o la alianza entre ideología pedagógica y política.
-De su trayectoria, ¿qué momento (o momentos) le ha impactado más? ¿Cómo es su día a día?
-El día a día es ya apasionante. Acompañar, guiar, ver crecer y madurar al alumno es un momento muy gratificante. También cuando los padres se te acercan para darte las gracias por la labor que se ha hecho con sus hijos. En la educación se pone en juego lo esencial del ser humana que le configurará para toda su vida y se juega, por tanto,  el futuro de la sociedad y por ello tomar conciencia de esta noble tarea implica responsabilidad y muchas alegrías.
-¿Cómo le ha cambiado esta faceta que, en cierto modo, también es pastoral?
No sólo en cierto modo, sino absolutamente pastoral. Desde esta conciencia lo vivo cada día, en cuanto puesto por la Iglesia a través de mi obispo para este servicio pastoral, como ámbito de evangelización. En este sentido, es útil recordar que la presencia de la Iglesia en la educación no  es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. El campo educativo es una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. La propia Universidad nace bajo la iniciativa de la Iglesia. La fe que la Iglesia anuncia es una fe que debe impregnar el corazón y la inteligencia del hombre, una fe pensada para ser vivida.

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