José Juan Jiménez Güeto: “Me debo a mi parroquia y a ella le debo lo que soy”


El sacerdote recuerda que el Papa “me dio un beso en cada mejilla y otro en la frente. Sentí como el abrazo de un padre que te acoge”

Jiménez Güeto
José Juan Jiménez Güeto./Foto: Jesús Caparrós

“Es como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Fue muy entrañable y emocionante. Se fueron todos los seminaristas y nos quedamos los cuatro que nos íbamos a ordenar con don Gaspar Bustos. Desde que nos levantamos estuvimos en oración, preparándonos. Fue la primera vez que vi a tantos sacerdotes y religiosos juntos en una celebración de ese tipo. Aquello ya me sobrecogió. La llegada del Santo Padre producía una alegría sin estridencias. Me marcó para siempre el momento en que el Papa me impuso las manos”.
Con exactitud y con la emoción en las pupilas, el sacerdote José Juan Jiménez Güeto, recuerda el 12 de junio de 1993. Aquel día fue ordenado por San Juan Pablo II y mantiene muy vivo  el momento en el que “le di la paz personalmente, Recuerdo que me dio un beso en cada mejilla y otro en la frente. Sentí como el abrazo de un padre que te acoge. Me transmitió una tranquilidad que me hizo no tener miedo”. Y añade que, años después “viví un momento doloroso, pero con gratitud, porque los cuatro estuvimos en su funeral con nuestro obispo Juan José”.
Un cura y su parroquia
La Trinidad es el hogar de este pastor, que hoy cumple 25 años de ministerio. Su comunidad lo es todo y ha marcado la vocación de servicio de Jiménez Güeto: “Me quedó con mi parroquia de la Trinidad. Llevo 15 años (13 como párroco), para mí ha sido el regalo más hermoso que he tenido en mi vida. Y recuerda como vivió “nueve años preciosos en el seminario menor”. Además de haber sido profesor en Sansueña y reconocer que echa de menos las aulas. Otra de sus grandes pasiones está en los medios de comunicación: “Estoy super agradecido a todos los periodistas, gráficos y directores. Me han enseñado muchísimo”.
“Soy un cura que se mancha. Me gusta estar en medio de la gente, cómo los voy a poder acompañar si no estoy pegado a las personas, no piso el mismo suelo, no los escucho. Gracias a eso estoy enamorado de mi vocación, porque puedo llevar a la gente la buena nueva, imagen de un Cristo que salva, que ama, al que le importas tú”, explica Jiménez Güeto sobre el motor que ha movido este cuarto de siglo de ministerio.
Un momento de fe
“Siempre es un momento impactante es tener la gracia de poder acompañar a una persona en los últimos momentos de su vida”, señala el sacerdote. Y se emociona expresando que, “aunque como párroco, como pastor sea un desgarro humano que un miembro de tu comunidad muere. Pero va a la casa del Padre y poder estar a su lado, darle un abrazo y poder rezar con él un Avemaría a su oído, es el momento más gratificante e impactante”.
Un recuerdo siempre presente
Este martes, el párroco de la Trinidad ha tenido presentes a muchas personas. Y confesado que se acordaría de sus “padres y de mi hermano Manolín. Sé que mi madre y mi padre, desde el cielo, estarán viendo al travieso de su hijo, sonrientes, sin aspavientos, con mucha humildad, como ellos eran. Y, por supuesto, de mi hermano Miguel”. Pero tampoco ha olvidado a “esa familia adoptiva que tengo. Juanra y Pilar, que me han acompañado en la mayor parte de mi ministerio. También a don Santiago (Gómez Sierra), que es mi hermano mayor y del que he aprendido a ser cura. Y de toda mi parroquia, porque a ellos me debo y a ellos le debo lo que soy. Y a mis amigos, que comparten conmigo la vida cada día”.

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