Fernando Castro: "La hermandad me hizo tomar fuerzas de dónde no tenía"


hermandad
Fernando Castro./Foto: Jesús Caparrós

En apenas unos días, la hermandad del Perdón celebrará su cabildo de elecciones. A las mismas concurre su actual responsable, Fernando Castro, como único candidato. Ello tras cuatro años en los que la cofradía ha experimentado un crecimiento exponencial, bajo su dirección. Castro recibe a La Voz en la iglesia de San Roque y, frente al Señor del Perdón y María Santísima del Rocío y Lágrimas, repasa este tiempo al frente de la corporación. Ataviados por la Pascua, el candidato a ser reelegido recuerda que las imágenes están vestidas igual que cuanto accedió al cargo. Pero, hace cuatro años, ¿se imaginaba todo lo que iba a pasar?
-Nunca. Hay una gran diferencia entre decidirte a dar el paso a presentarte a hermano mayor, con lo que te encuentras cuando llegas y la responsabilidad que tienes. Entonces ya no hay vuelta atrás. Nunca pensé que iba a pasar por tantos avatares. No es solo lo que la gente ve -o lo que un hermano percibe en la estación de penitencia el Miércoles Santo-, la hermandad son los 365 días del año, invierno, verano, primavera, otoño… porque cuando todo el mundo está descansando tú estás planificando. Y no solo a nivel de patrimonio, pero hay otros apartados, como la labor de formación.
-¿Hay algo que, desde que es hermano mayor, le haya sorprendido de la visión que tenía de la cofradía?
-Siempre se ha dicho que los toros son muy fáciles verlos desde la barrera. Desde fuera piensas que puedes hacer las cosas de una determinada manera, pero cuando eres hermano mayor y cae toda la carga sobre ti es de otra manera. A mí el primer año me daban tortas por todos lados, me iban pillando. Poco a poco me he ido encontrando más cómodo, pero si te soy sincero hasta este cuarto año no me he sentido realizado y haciendo las cosas que me gustan y sintiéndome yo mismo. Hemos sido capaces de solventar todas las cosas que implica la hermandad.
-Accede al cargo y lo primero que se encuentra es el traslado de San Roque a la Trinidad.
-Fue bonito. Cuando se proyecta hacer el retablo de San Roque me parecía inalcanzable. Es de las cosas que piensas que te gustaría que sucedieran, pero ves imposible que eso llegue. Las imágenes estaban puestas sobre una tarima de madera al fondo de la iglesia. Quién me iba a decir que iba a haber un retablo con los dos titulares en el centro. En el mes de mayo tomamos posesión, se celebró el Corpus de la parroquia y nos fuimos para la Trinidad. Fue una etapa totalmente diferente. Fueron unos comienzos bonitos, pero muy difíciles.
-¿Por qué?
-Es lo que te decía antes. Una cosa es verlo desde fuera y otra cuando estás dentro y comprendes lo que hay. Cuando ves las cuentas, como les ha pasado a muchas familias y dices oye que no tenemos para comer el mes que viene y hay que hacer algo. Había unos créditos que pagar (el más grande se pagó a finales de ese año 2014 y el otro hasta este mes de febrero). El objetivo era sobrevivir: pagar y conseguir reunir lo suficiente para poder salir a la calle.
-Estuvo enfermo.
Fernando Castro./Foto: Jesús Caparrós

-Imagínate. Era una junta recién entrada a la que yo convoco y estaba inmadura. Y, de la noche a la mañana, desaparezco. Sufro una enfermedad que me retira de todo (y cuando digo de todo es de todo), sin saber si voy a volver. Se complica la vida hasta tal punto que no sabía si podía seguir con la hermandad, porque no tenía ni fuerzas ni medios para poder estar. Tenía un gran equipo y lucharon casi sin que se notara mi ausencia. La hermandad me hizo tomar fuerzas de dónde no tenía. Y así fue. Salimos adelante en la Semana Santa de 2015 y regresamos a San Roque. Fue muy bonito aquel día. Recuerdo a los titulares preparados en la iglesia de la Trinidad, aquel vía crucis con Coronación de Espinas y cuando se abrieron las puertas de San Roque. Yo no había visto nada, me lo iban contando mientras padecía la enfermedad. Fue un sueño. Estoy muy agradecido a nuestro párroco, que se volcó con nosotros.
-Y, entonces, comienzan los proyectos.
-En junio de 2015, Álvaro Abril nos trae el proyecto del palio dibujado. Nos entusiasmó. El cabildo se quedó con la boca abierta cuando lo vio. Yo me echaba las manos a la cabeza, porque era precioso, pero no sabía cuándo lo íbamos a ver en la calle. Pero lo que sí tenía muy claro es que no quería seguir viendo ese palio de cajón. Lo que hicimos fue trabajar y trabajar, para hacerlo realidad. Faltan algunas cosas aún por definir (techo y candelabros de cola) y queremos dejarlo dibujado para la hermandad, para que el próximo hermano mayor que venga tenga sobre qué trabajar. Una de las cosas que más lamento de cuando entré era no haber tenido proyectos. Sé que es verdad que había proyectos dibujados, pero que no estaban en la hermandad. Luego se dibujó el estandarte, tuvimos que realizar el Senatus. El guion se iba unificando. El estreno del bacalao ha marcado un antes y un después para la cofradía.
-Si de esos proyectos se tuviera que quedar con uno.
Fernando Castro./Foto: Jesús Caparrós

-El palio. Verlo terminado es un sueño. Tal como lo vemos ya de frente, con esa crestería nos va diciendo algo. Estamos deseando poder cambiar los respiraderos.
-¿Cómo ha sido trabajar con esta junta de gobierno?
-Está más madura, en el sentido de que quien cree en este proyecto sigue en la junta de gobierno. Y hay quien a lo mejor se retira. Han sido muy responsables. Me quedo con las personas realmente comprometidas, que han cumplido con sus obligaciones sin mirar atrás ni a quién, trabajando para su hermandad y por el compromiso que adquirieron conmigo.
-¿En qué le ha cambiado ser hermano mayor?
Fernando Castro./Foto: Jesús Caparrós

-Me arma más de paciencia. Si ya por mi trabajo la tengo, con la hermandad más. Trabajar con las personas la requiere porque todo el mundo nos vemos con muchos derechos, pocos deberes y muchas exigencias, y tú como hermano mayor tienes que ir apagando fuegos por todos lados, teniendo mucho cuidado con lo que dices y cómo lo dices porque siempre hay alguien susceptible que te dice a mí no me has nombrado, no me has agradecido, a éste le has dicho… No siento que haya cambiado, pero me armo de más paciencia.
-De estos cuatro años, con qué momento se queda.
-La Semana Santa de 2015, en la que no pude acompañar en todo el recorrido a los titulares y tuve que ver la salida desde la puerta. Por una lo, me llena y me satisface. Y, por otro, para mí se queda, porque era mi primer año como hermano mayor y no podía estar con la cofradía. Hemos tenido momentos muy bonitos. Cuando celebramos los cultos es lo que más llena. Y el más grande fue cuando entró la Virgen de la Sierra en San Roque. Era impensable.
 

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