“Y después de estar con Ella toca soñar para el próximo encuentro”


virgen
El Simpecado de Córdoba frente a la Blanca Paloma./Foto: Rocío Córdoba

No hay dos procesiones iguales, ni dos semanas santas que se repitan, ni romerías idénticas, ni la Virgen te mira igual. Y así ha quedado demostrado este Lunes de Pentecostés, cuando la Blanca Paloma ha salido de su ermita para recorrer su aldea y bendecir con su infinita mirada a todos sus hijos, a todas y cada una de las hermandades filiales.
Rosario a la Virgen del Rocío./Foto: Rocío de Lucena

Y, en esas, las corporaciones cordobesas han mirado de frente a la Virgen del Rocío. Como la hermandad de Córdoba, que ha presentado sus respetos a la Reina de las Marismas, alzando el Simpecado que, hace semana y media, cruzaba el umbral de San Pablo para iniciar un camino que es más que un motivo de fiesta. Es una peregrinación a lo profundo del alma, donde el creyente busca a Dios, su huella perenne en la persona, como la imago Dei de la que hablaba San Agustín.
“Y después de estar con Ella toca soñar para el próximo encuentro”, expresaba la filial de la capital en sus redes sociales. Entre tanto, Montoro, Cabra, Lucena y Priego se han entregado a la Virgen del Rocío, en una noche mágica donde el amanecer dicta otra estampa de la Virgen, mientras la delgada línea de la luz distinta invita a recordar a los que ya no están.
Él era de Córdoba y de la Matriz. Y esta noche, a buen seguro, habrá estado a vera -como ya lo hizo con la Virgen Capitana, Conquistadora-. Las cofradías también sirven para recordar a los que ya no están y, sin embargo, la imagen sagrada nos las acerca. El Rocío nunca se acaba, porque siempre permanece en la memoria de quienes lo vivieron. Toca soñar con Ella y recordar a Manolo, que esta noche ha estado más cerca de quienes nunca lo olvidaremos.

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