“La grandeza del camino” en una noche de mayo



La hermandad del Rocío de Córdoba, cada jornada que avanza, está más cerca de esa “tierra prometida” que es la ermita de la Blanca Paloma. Y lo hace en una peregrinación que, además de la alegría inherente a la misma, tiene profundas dosis de espiritualidad cada noche cuando el trasiego del camino se detiene en la misa de romeros de cada parada.


Así lo ha recordado el consiliario de la filial cordobesa, el canónigo Tomás Pajuelo, en la misa de una de las paradas del camino en la finca La Señorita. “Al venir a la Eucaristía (Cristo), cada vez que se consagra el vino por la acción del Espíritu Santo, podemos conocerlo todos. Incluso nosotros aquí. Y esa es la grandeza del camino, por eso vivimos estos momentos entrañables”.

En ese sentido, Pajuelo ha recordado como “estos días de atrás hemos tenido más visitas, pero hoy estamos nosotros, los que hemos peregrinado, los que nos hemos sacrificado, hemos venido pasando calor, esfuerzo, heridas y estamos aquí delante del Señor y él viene al altar en la humildad del pan y el vino, para quedarse con nosotros”. Unas afirmaciones cargadas de emoción y profundidad que han servido al sacerdote para afirmar que “ésa es la esencia de nuestra fe”. Mientras que ha subrayado que “el Señor hoy, en mitad de este cortijo, va a venir lo mismo que estuvo con los apóstoles”.

“¿Qué podemos pedir más? Tenemos la presencia de la Virgen en nuestro Simpecado glorioso y tenemos a Cristo que viene a nuestro altar esta noche”, ha reflexionado Pajuelo. Quien ha sentenciado que “el invitado primordial es el Señor que viene a participar de nuestro camino”.

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