“¡Mamá!, ¿yo para qué he venido al mundo?"


El sacerdote Juan Diego Recio comparte, en una entrevista para la Diócesis de Córdoba, alguna de las experiencias que le han marcado en el ejercicio de su ministerio

Recio
Juan Diego Recio./Foto: MCS

“Recuerdo con asombro la conversación que tuve con Álvaro, un joven de 28 años, una semana antes de que el Señor lo llamara a Sí. En aquella ocasión, estuvimos charlando y describiendo cómo era su familia y al llegar el turno suyo, se me ocurrió decirle: ‘Álvaro, tú eres amable, o sea, digno de ser amado’. Los días siguientes, previos a su muerte, Álvaro, mi amigo, le repetía a su madre: ¡Mamá!, ¿yo para qué he venido al mundo?’ Y sin esperar respuesta, él se la daba: ‘para amar y ser amado’. Álvaro había entendido a Cristo y a mí me había ganado el corazón”.
Esa es una de las reflexiones que el sacerdote cordobés, Juan Diego Recio, ha realizado para la revista diocesana Iglesia en Córdoba, en una interesante entrevista. Con responsabilidades pastorales en la Pastoral de la Salud y como capellán de Reina Sofía, el recuerdo que ha narrado Recio se une al relato de algunos de los retos a los que se ha enfrentado en su ministerio. Así, el presbítero ha confesado que “uno de ellos fue cuando me hicieron párroco de Belmez. Yo me veía como demasiado pueblo para tan inexperto cura. Yo había sido por tres años vicario parroquial en Bujalance, con dos buenos sacerdotes, Jesús Poyato y Juan Correa. Y ahora me veía párroco de dos pueblos, el Hoyo y Belmez”. Y no ha dudado en reconocer que “me hicieron cura allí”.
Otro de los aspectos interesantes aspecto que ha abordado Recio radica en la forma de afrontar el sufrimiento. Así, el sacerdote ha explicado que “en primer lugar, aprendiendo que el sufrimiento forma parte de la existencia humana, y aunque el hombre hace todo lo posible por disminuirlo, no siempre lo logra”.
Mientras que, en un segundo aspecto, el sufrimiento se combate “ejercitando la esperanza: lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación en tanto que ésta no es evitable, madurar en ella y encontrarle sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”. En este sentido, Recio ha añadido que, “en medio de sufrimientos terribles no estamos solos, el servicio de Asistencia Religiosa y Espiritual hace visible esto: que nos sostiene la mano de Dios, que nos da fuerza para afrontar sufrimientos por la causa del amor, por los otros, para unirme al que en esto también se me adelantó”.