Un Viernes Santo marcado por el tiempo


A la espera de las procesiones del Rayo y el epílogo áureo del Resucitado, la Semana Santa de Córdoba toca a su fin. Y lo hace tras un Viernes Santo marcado por el tiempo. Adverso es uno de los calificativos y, tal vez, se quede corto. Y es que la lluvia, el viento y el frío fueron los grandes protagonistas.

Fila para ver a los titulares de la hermandad de los Dolores./Foto: Rafael A. Ojeda

Un panorama que, unido a las predicciones, hizo a la hermandad de los Dolores adoptar una siempre difícil decisión, como lo es suspender la estación de penitencia hacia la Catedral. Al final, cuando cerca de las once de la noche comenzó a llover y a arreciar el viento, la determinación de los responsables de la cofradía de San Jacinto tomó un nuevo cariz. Y, antes, numerosos fueron los devotos que se acercaron a ver a la Señora y al Cristo de la Clemencia.
Soledad./Foto: Luis A. Navarro

A la misma hora que los Dolores anunciaba la suspensión, la hermandad de la Soledad se echaba a la calle. Con recortes en el recorrido de vuelta a Santiago que, a la postre, resultaron decisivos para que la cofradía no se mojase. Una puesta en escena impecable, la de la cofradía que dirige Francisco López. Sobria, serena y austera como las órdenes precisas del capataz, Enrique Garrido, que tiene la medida exacta de una cuadrilla que es la esencia misma de la corporación.
Salida de la Virgen del Rosario./Foto: Luis A. Navarro

Y en la tarde-noche del Viernes Santo brillaron las vírgenes, como la del Rosario. La hermandad de la Expiración sigue siendo heredera del gusto por el trabajo bien hecho que dejaron apellidos tan significados, como los Zafra y los Flores. Un legado que se mostró en el palio de cajón, que despertó una vez más la admiración de una ciudad, que ya aguarda los días en que se celebrará el cuarto de siglo de su coronación. Antes la salida procesional en el año del centenario ha dejado patente que, a la cofradía de San Pablo le quedan siglos por delante.
Descendimiento./Foto: Luis A. Navarro

La hermandad del Descendimiento es el contrapunto del Viernes Santo. Un matiz alegre que se adivina en la advocación de su titular mariana, la Virgen del Buen Fin. La cofradía también recortó su itinerario y volvió por Corregidor Luis de la Cerda, para enfilar el Puente Romano. Y lo hizo acompañada por la lluvia, al salir de la Catedral, y las fuertes rachas de viento que, en el puente, eran muy acusadas. El esfuerzo valió la pena, pues el cortejo llegó con rapidez a San José y Espíritu Santo.
Desconsuelo./Foto: Luis A. Navarro

Por su parte, el Sepulcro decidió salir de carrera oficial, como había hecho Buena Muerte la noche anterior. También llegó la cruz de guía con 15 minutos de adelanto, aprovechando el hueco dejado por la ausencia de la hermandad de los Dolores. Su paso por la Catedral fue el más complicado. Y es que el cortejo entró en el Patio de los Naranjos con lluvia y, tras tomar una decisión casi sobre la marcha, salió con agua. Afortunadamente, el líquido elemento respetó la vuelta a la Compañía.

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