Los Dolores: la simbiosis con la ciudad


La hermandad servita rinde culto a una imagen que artistas y prelados la han escogido como representación de la devoción cordobesa

La silueta de la Virgen de los Dolores por las calles de Córdoba puede ser la imagen más representativa de la Semana Santa de la ciudad. Así la escogió por dos veces Julio Romero de Torres cuando en sendos cuadros quería representar esta celebración religiosa y popular a la vez. Su impronta ha sido desde antiguo escogida por los cordobeses como referente devocional y la mejor prueba de ello está en las colas del Viernes de Dolores, en los azulejos y estampas que decoran patios y zaguanes de las casas cordobesas, pero sobre todo está en la infinidad de veces que su imagen se multiplica en los cementerios de la ciudad, como garantía de feliz transito a la vida eterna.

El obispo reza ante la Virgen de los Dolores.
El obispo reza ante la Virgen de los Dolores. /Foto: JC

El secreto de la Virgen de los Dolores es haber aguantado el último siglo y medio ajena a las modas que poco a poco fueron llegando al mundo cofrade. Así, esta imagen se mantuvo en su estética iniciada en el siglo XVIII y consolidada en el XIX que, sin ser exclusiva, ha llegado a ser una rareza iconográfica que en la actualidad atrae a otras hermandades que visten a su dolorosas en cercanía estética con la Virgen que se venera en el altar mayor de San Jacinto.
Otro rasgo identificativo de la Virgen de los Dolores con la ciudad de Córdoba es un presencia en grandes acontecimientos religiosos. Los sucesivos obispos de Córdoba no sólo la visitan cada Viernes de Dolores y presiden la Fiesta de Regla de su hermandad, sino que quieren que su alta estampa presida multitudinarias celebraciones al entender que en la imagen se condensa el espíritu de la ciudad. Fue el obispo Adolfo Pérez Muñoz el que la escogió para que saliera a la calle junto a San Rafael y Santo Tomás de Aquino el 20 de octubre de 1920 con motivo de la inauguración del monumento al Sagrado Corazón de Jesús de las Ermitas, como también la volvió a reclamar en el otoño de 1945 para la procesión de clausura de las Misiones Populares. Su sucesor, fray Albino, consagró la Diócesis de Córdoba al Inmaculado Corazón de María en medio de una multitudinaria celebración celebrada en el Paseo de la Victoria presidida por la Dolorosa servita. El obispo Manuel Fernández-Conde, por su parte, puso todo su empeño en Roma para que la Virgen de los Dolores fuera la primera imagen mariana coronada en la capital, como así fue. Habría más detalles de predilección episcopal que reseñar, pero baste cerrar la relación con las gestiones realizadas por el actual prelado, Demetrio Fernández, para que el primer Año Jubilar concedido a una cofradía de la capital fuese para la de los Dolores.

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