La Soledad: el triunfo del criterio


La Virgen de la Soledad fue bendecida en la parroquia de San Miguel en 1976, en esos años en los que las hermandades despertaban de un largo letargo, aunque aún contaban con ciertas reticencias en el seno de la Iglesia que no se fueron venciendo hasta que el relevo generacional en el clero fue tomando peso. La imagen presidió la capilla de la nave de la epístola y brillaba con luz propia en un templo que había sufrido con toda dureza los rigores de la época y en una restauración de poco antes había sido despojada de retablos e imágenes, borrando de un plumazo toda huella de la religiosidad popular que se había acumulado en el templo con el paso de los siglos.

Primera salida de la Virgen de la Soledad.
Primera salida de la Virgen de la Soledad. /Foto: Hdad. de la Soledad.

La imagen de Luis Álvarez Duarte estuvo un tiempo en San Miguel hasta que los promotores de la hermandad -miembros de la hermandad de la Paz con Carmelo García a la cabeza- se rindieron ante la evidencia de que era imposible realizar una salida procesional desde ese templo fernandino, entre otras cuestiones. El peregrinaje llamando de puerta en puerta les  llevó hasta la parroquia de Santiago gracias a la generosidad de su párroco, Guillermo del Pino. Nadie contaba con que un año más tarde, un incendio intencionado dañó gravemente el templo, y también a la Virgen de la Soledad, cuya policromía se vio afectada por el humo. Unos años de exilio forzado ampliaron ese éxodo que parecía no tener fin.
Su primera salida procesional en 1978 fue un ejemplo de pundonor al poner en la calle a la imagen mariana en un humilde paso realizado, de forma casi artesanal, en madera de okume. Aquella escasez de medio no era una declaración de intenciones sino un revulsivo para un futuro distinto. En la hermandad tenían claro lo que querían y sabían a la perfección el horizonte al que querían llegar.
La hermandad de la Soledad no ha sido nunca una hermandad de multitudes ni de buscar estar en el candelero. Su franciscanismo fundacional les imprimió el don de la discreción y el trabajo y así, poco a poco, han ido construyendo la hermosa realidad que hoy es. El diseño del paso, la opción por la Virgen sola, bajo una cruz de Soledad, y escoltada por cuatro faroles, la elección del bronce para la orfebrería y mil elementos más que hacen que este cortejo, breve pero intenso, sea una de las delicias que hay que paladear cada Viernes Santo.

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