Un Lunes Santo de público, regresos, aniversarios y bandas


Al margen de la carrera oficial, en el casco histórico no cabía un alfiler. Así lo demostró la hermandad del Vía Crucis que, a su paso por Tomás Conde por ejemplo, dejó la estampa de una ciudad entregada a sus tradiciones. O en el Puente Romano, donde centenares de personas no quisieron perderse la entrada de la archicofradía de la Vera Cruz en el itinerario común. Y es que, tras un Domingo de Ramos sobresaliente, el Lunes Santo no iba a quedarse atrás.

Coronación de Espinas./Foto: Eva M. Pavón

Y, como casi siempre, todo comienza en San Antonio de Padua. Con los barrios del Zumbacón y de Fátima entregados a sus titulares, la puesta en escena de la hermandad de la Merced suele rozar la perfección. No iba a ser menos esta vez y todo se sincronizó a la perfección. Así mientras el Señor de la Coronación estrenaba clámide para celebrar sus cuatro décadas, su banda le puso marcha, a un nivel que da la medida de una de las formaciones de referencia de Córdoba. Entre tanto, la Virgen evocaba el 800 aniversario de la fundación de la Orden de la Merced. Ello con su nuevo respiradero frontal y con la presencia de Fray Ricardo. Y a todo esto, con dos capataces (Juan Carlos Vidal y Pepe Fernández) que dan la medida del trabajo bien hecho y el amor por su cofradía de siempre.
Lunes
Nuestra Señora de la Estrella./Foto: Luis A. Navarro

De siempre. Ésa es la imagen del hermano mayor de la Estrella, Juan Rodríguez, en la corporación de la Huerta de la Reina. Entregado el capataz de Redención, mención especial merece la agrupación musical. Decana de las bandas cordobesas, la formación de Manuel Luque ha recuperado no sólo su mejor versión, sino que se halla en un momento exquisito. La prueba, que ya había tenido su primera toma de contacto con Afligidos y el Huerto, alcanzó toda su dimensión con el misterio del Señor que da nombre a la banda. Ahora toca esperar al Viernes, para disfrutar del repertorio fúnebre con que acompañan al Cristo de la Clemencia. El relicario de Santa Rafaela María y la ofrenda al monumento de Gómez Aguilar fueron otros de los atractivos de la estación de penitencia.
Señor de los Reyes./Foto: Jesús Caparrós

Poco importó que el Señor de los Reyes tuviera un leve percance en el Puente Romano. La archicofradía de la Vera Cruz es el gusto por lo exquisito. Resuelto el problema, de la estación de penitencia de 2018 siempre se recordará el estreno de Caído y Fuensanta y la constatación de que, en Córdoba, la calidad de las bandas es cada vez más alta. Coronación, Redención, el propio Caído y, la Esperanza. Tras el especial palio del Dulce Nombre, que uno no se cansa de admirar, la formación de los León, Wals, Lozano y compañía es una delicia para los sentidos. Y en el Campo de la Verdad lo disfrutan y de qué manera.
Señor de la Sentencia./Foto: Jesús Caparrós

Y, en esas, la Sentencia también llegó de estreno musical. La Victoria de León ponía sones clásicos al Señor de Martínez Cerrillo, tan característico con el misterio de González Jurado. Los sones leoneses dejaron claro el acierto desde primera hora y el andar de la cuadrilla d David Arce realzaba ese conjunto armonioso de una cofradía que no para de crecer en la cantidad, mientras atesora una calidad fuera de duda. En su palio queda reflejado, desde el capataz a la banda, pasando por los bordados. Y en el cortejo se demuestra con un andar imparable, pese al más de medio millar de nazarenos. Ahí es nada.
Cristo de la Salud./Luis A. Navarro

Tras las bandas llega el silencio, y tras las cornetas el tambor ronco que anuncia al Santo Cristo de la Salud. Una cofradía con el empaque de una personalidad distinta, que suma y de qué manera. Bastaba ver el casco histórico para apercibirse del tirón que tiene la hermandad trinitaria. Sin alharacas, la corporación que fundara Rafael Mariscal guarda su propia esencia, la autoconciencia de saber que en la diferencia se halla su propia virtud.
Remedio de Ánimas./Foto: Eva M. Pavón

Sin embargo, el Lunes tiene su omega en SanLorenzo, cuando entre las tinieblas de la madrugada regresan al templo el Remedio de Ánimas y la Virgen de las Tristezas. La hermandad que dirige Rosario Castelló se reivindica a cada paso del camino, en cada rezo, en el Miserere, en el Stabat Mater, en la cruz, el velo y el baldaquino… En Córdoba ya era Martes Santo, cuando la cofradía se encerraba, pero aun había un poso para detener el reloj del Lunes, el de una hermandad de Ánimas que reivindica la personalidad honda de la ciudad que le reza.

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