Humildad escribe un nuevo capítulo de su historia



La historia de Córdoba está impresa en lugares emblemáticos de su geografía urbana. Montis y Ramírez de Arellano así lo entendieron. Y por la Mezquita-Catedral, el puente que comenzaron a construir los romanos, las torres vigías, los patios, los triunfos de San Rafael, las torres de los Hernán Ruiz, las casas-palacio, los conventos (los que se conservan y los que relatan las crónicas), y un largo etcétera, se escucha el rumor impreso en la personalidad de la ciudad eterna de la que habló Pablo García Baena.

Humildad y Paciencia en la iglesia de la Merced./Foto: Luis A. Navarro

Córdoba es una palabra mayor, una urbe que -azotada por polémicas estériles- mantiene el pulso de su historia en enclaves y devociones. Y, de estos dos últimos apartados, el último miércoles de Cuaresma ha dado cumplida cuenta. 75 años pueden antojarse poco frente a fervores de siglos y, sin embargo, el que se profesa hacia el Señor de la Humildad y Paciencia es hondo. El mismo se halla estrechamente vinculado a un lugar que guarda, en el interior de sus muros, el pulso de la historia de la Córdoba recuperada: la iglesia de la Merced.
En el templo se ha vivido esta noche uno de esos momentos que el cofrade no olvida y que el amante de la música comprende que, ésta, es inherente al ser humano y a su forma de expresar la emoción y, por tanto, la profunda convicción religiosa. Así, el Réquiem Piadoso con que se ha deleitado a los hermanos de la Paz, a la ciudad y, ante todo, se ha ofrendado al Señor de la Humildad ha escrito un nuevo capítulo de su historia, de 75 años. Y ha anunciado los muchos que restan por disfrutar de una devoción, que ya es parte indisociable de la ciudad que se ha rendido a él.

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