Rafael Mariscal: "Llegué con los deberes hechos a la Agrupación"



(BM/JV). Hermano de la Caridad desde que su tío participara en la refundación de la cofradía, la trayectoria de Rafael Mariscal está estrechamente ligada a la hermandad del Vía Crucis, de la que fue fundador. Presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, en la siguiente entrevista, Mariscal desgrana algunas de las claves de una vida en la que no ha dejado de mostrar su amor a la Semana Santa (de Córdoba y, sobre todo, de su diócesis) y a la expresión artística.
-¿Cómo decide fundar la hermandad del Vía Crucis?

Mariscal
Rafael Mariscal./Foto: LVC

-De siempre mi gran preocupación fue que en Córdoba, donde se fundó el primer Vía Crucis de Occidente por Álvaro de Córdoba, no hubiese una hermandad específica -aunque antaño la hubo, como el Calvario en el Marrubial o el Nazareno en 1820-, pero no había ninguno específico en la Semana Santa de Córdoba. Ese fue el motivo primordial para crear esta cofradía.
-Y el estilo tan singular, tan sobrio.
-Creemos que una cofradía es una catequesis plástica de fe en la calle. Si no lo tiene estamos sobrando, aunque las palabras sean duras. El estilo es el antiguo procesionar que se hacía tanto en Sevilla como en Pamplona, Córdoba o cualquier ciudad. No nos vamos a remontar al origen del paso, pero así se procesionaba ancestralmente. Así se muestra el hondo sentido de la cofradía con sus cruces a cuestas, su luz y sus penitencias.
-¿De qué otras cofradías ha sido hermano?
-La del Señor de la Caridad fue mi primera cofradía. A los cuatro años me puse por primera vez mi túnica nazarena y mi capirote. Siempre salí con capirote, con todos mis respetos a los niños que salen de esclavina que son el fomento de esta manifestación. Hermano de las Angustias, del Rescatado, de la Santa Faz. Y de Sevilla, en mi época de estudiante, de la hermandad del Museo. Con una imagen de 1575, realizada por un cordobés, el gran Marcos Cabrera.
-¿Cómo decide dar el salto a la Agrupación de Cofradías?
Rafael Mariscal./Foto: LVC

-Mi idea fue aportar, tan siquiera, un granito de arena a la Semana Santa. Llegué con los deberes hechos a la Agrupación, en todos los aspectos.
-¿En qué cambió la Agrupación?
-Siempre hay que ir mejorando, poco a poco. Cada presidente que entra tiene que ir manteniendo lo bueno y poniendo en valor lo que crea oportuno, sin lugar a dudas, para sumar. No venimos a restar. En mi época una de los grandes, de la que ahora tanto se habla, fue el espíritu formativo del cofrade. Recuerdo que en mi hermandad del Vía Crucis, hace 43 años, comenzamos con reuniones de formación. Pero a otro nivel, espiritual y de la persona. Algunas instituciones perdemos el norte de la formación y creemos que dar una charla cultural es el fundamento. Cuando llegamos a la Agrupación se crea una Vocalía de Juventud y de Formación. La dirigía David Luque e hizo una labor magnífica. Era el ídolo de los jóvenes cofrades y su trabajo fue el vivero de cofrades que ahora tienen puestos definitivos dentro de las cofradías.
-¿Cómo era el equipo que le acompañaba?
-Corto. Porque no he querido gente alrededor para hacer bulto, sino para trabajar. Éramos 7 o 9 personas y durante aquellos cuatro años sacamos adelante todos los proyectos. Cumplimos todos los puntos de nuestro programa electoral. Incluidos los palcos; luchamos por la labor formativa; también en el ambiente cultural se gestó traernos el tercer Congreso Nacional de Hermandades y Cofradías, que creo que supuso un antes y un después en la Semana Santa de Córdoba, para que fuera conocida en el exterior gracias a la asistencia de 700 personas, 80 ponentes. Nos demandaban a la Agrupación a visitar otras ciudades para presentar la Semana Santa de Córdoba. Presentamos aquel congreso en Fitur con el paquete Semana Santa, palco, hotel y AVE.
-Hubo también publicaciones y exposiciones.
Rafael Mariscal./Foto: LVC

-Lo primero que hicimos fue cambiar el Córdoba Cofrade de boletín a revista. Hicimos exposiciones cada año, con su publicación respectiva. Hubo una muy importante, Patrimonio Cultural de las Cofradías, para las que nos trajimos enseres significativos de la provincia, como pueden ser los rostrillos de Baena, cruces de nazareno, mantos, etc. Y a la vez hicimos el primer Congreso Provincial de Cofradías, que desgraciadamente no tuvo continuidad. Se editó un magnífico catálogo, de lo mejor que se ha hecho en el ámbito cofrade.
-¿El sueño de la Catedral para todas las cofradías estaba latente?
-No creo que ningún presidente que haya pasado por Isaac Peral no tuviese en mente trasladar a las cofradías a la Catedral, por lo que ello significa. Con Cáceres es el mejor marco de toda España. Pero el fundamento del porqué nos enfundamos la túnica de nazareno, qué queremos y hacia dónde vamos es lo que significa para mí la Catedral. Postrarte ante el Santísimo para rendirle pleitesía. Hicimos un proyecto, que lo puedo enseñar, que es el que actualmente se ha hecho, la puerta que se ha hecho y como se ha hecho. Las rampas de entrada y salida, etc.
-¿Cómo eran las relaciones institucionales?
Rafael Mariscal./Foto: LVC

-Cordiales. Tanto con el Ayuntamiento como con la Diputación. Prueba evidente fue que en los palcos se volcó el ayuntamiento de turno, encabezado por Rafael Merino. En la institución provincial coincidí con dos presidentes Mellado y Matías. La Diputación apostó en aquella época por la Semana Santa de Córdoba. Sin olvidar a Cajasur que fue el gran mecenas.
-¿Qué supuso recuperar los palcos?
-Las cosas siempre hay que verlas desde diversas perspectivas. En primer lugar queríamos hacer la Semana Santa de Córdoba más estética. Y, la otra dualidad era la económica, tanto para la Agrupación como en beneficio de las propias cofradías. Sabemos que, llueva o no llueva, tienes que sacar tu palco, con las sillas no pasa eso. Nos costó trabajo, pero ahí está.
-¿Cómo es ahora la Semana Santa de Rafael Mariscal?
-Con la tranquilidad propia de la edad. Con más reposo y experiencia. Puedes hablar sin hacer una tesis doctoral al respecto. Mi verdadera lucha siempre ha sido mi lucha. Hay que educarla, pero hay que tener grandes educadores, por eso las juntas de gobierno deben estarlo para dirigirse a sus jóvenes.

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