Emotivo adiós al que fuera director de Salesianos


FRANCISCO MARIN IN MEMORIAM (DA MIHI ANIMAS CAETERA TOLLE)
(José Luis González Santos, antiguo alumno Salesiano). San Juan Bosco, cuando fundó la congregación salesiana, adoptó para la misma el lema Da mihi animas caetera tolle (“Dame las almas y quédate con lo demás”) para constatar lo que sería el objetivo de su vida, salvar las almas de los jóvenes de esa época haciendo de ellos buenos cristianos y honrados ciudadanos.

Francisco Marín Valiente./Foto: LVC

En la tarde del pasado día 28 de Febrero fallecía Don Francisco Marín Valiente, sacerdote salesiano. La triste noticia empezó a extenderse rápidamente entre los que le conocíamos, bien por haber sido alumnos suyos bien por cualquier otro motivo. Desde un primer momento, las redes sociales (Whatsapp y Facebook fundamentalmente) se llenaron de muestras de condolencia y de numerosos breves comentarios que glosaban la figura de alguien que, para quienes, entre otros, fuimos parte activa de esa alabanza pública, había sido una persona muy importante en sus vidas, había sido su Don Bosco particular.
Don Francisco Marín, “el Dire”, llegó al Colegio Salesiano de Córdoba en el año 1976 y permaneció en el mismo hasta el año 1994. Cualquier antiguo alumno salesiano que tenga actualmente entre 40 y 55 años lo recordará perfectamente y cuando me atrevo a compararlo con el fundador de la familia salesiana no lo hago de forma caprichosa sino remitiéndome a lo vivido durante las muchas horas que pasé con él y a lo que conozco de la vida del santo. “El Dire” fue una persona con una capacidad de trabajo excepcional, se mostraba como alguien infatigable y siempre con una sonrisa en la cara. Era difícil verlo serio o enfadado y no me refiero a enfados puntuales, pues cuando tienes que lidiar con cientos de niños, cada uno de su padre y de su madre, se me antoja imposible no atravesar momentos de enojo; me refiero a enfados de tipo mas “estructural”, de esos que hacen que califiquemos a una persona como seria, amargada o, simplemente, “enfadada con el mundo”. Del “Dire” todos recordamos su excepcional y cotidiano buen carácter. Era además una persona cercana que en seguida te ganaba. De esa forma conseguía lo que se proponía, desde buscar patrocinadores para las actividades extraescolares hasta disponer siempre de una corte de colaboradores, sus “esclavos” o “secretarios” como él cariñosamente los llamaba, dispuestos a hacer lo que les pidiera, no sólo porque sabían que normalmente recibían algún tipo de recompensa sino porque reconocían la autoridad moral del ”Dire” para pedir esa colaboración. En este sentido, como bien describió un querido amigo, antiguo alumno suyo también, poseía una gran inteligencia emocional, mucho antes de que empezara a utilizarse ese concepto. Su preocupación por los jóvenes fue tal que, siempre que conocía esa circunstancia, no permitía que ningún alumno que no tuviera recursos dejara de estudiar por tal motivo. Y, en otros casos, les ayudaba a encontrar trabajo si no era él mismo el que se lo encontraba. Con los años me he dado cuenta de que “el Dire” ha sido el nexo de unión entre muchos de los que fuimos privilegiados de contar con su cariño. Uno de esos privilegiados lo definió como “la fuerza invisible que aún nos mantiene unidos”.
Pasé mucho tiempo con “el Dire” durante mi etapa colegial. Al entrar en la Universidad el contacto se hizo, lógicamente, menos frecuente aunque seguía siendo bastante habitual. Fue mucho menor cuando empecé a trabajar fuera de Córdoba. En Diciembre de 1993 contraje matrimonio en la Iglesia de María Auxiliadora, en una ceremonia en la que “el Dire” fue uno de los sacerdotes concelebrantes. Tan sólo unos meses después marchó al Colegio Salesiano de Granada.
Siempre me llamó la atención como, desde el momento en que empecé a tener menos contacto con “el Dire”, nunca salió de él ningún reproche al respecto. Sin duda hubiese estado en su derecho pues a él le debo mucho de mi formación personal y salesiana, pero “el Dire” era además muy generoso, alguien que ni siquiera se sentía “despechado” ante esa, cada vez mayor, desatención por mi parte. Y ello me fue generando un cierto remordimiento que, ahora que ya no está con nosotros, sospecho me va a acompañar durante años. Y eso que, ahora, con la perspectiva del tiempo, he entendido el porqué de su falta de reproche, el porqué de su falta de demanda de una mayor atención. La respuesta la encontré en el propio lema de los salesianos, Da mihi animas caetera tolle: “Dame las almas y quédate con lo demás”. “el Dire” no necesitaba llamadas telefónicas, ni visitas ni cartas, no necesitaba de nuestra atención…… eso formaba parte de “lo demás” . Él ya se había quedado con lo importante, nuestra alma. No sé si imaginaba que además de nuestra alma, también nos robó el corazón. Descansa en paz, querido Dire.

1 Comentario

  1. Fui compañero de estudios unos años y nunca me he reído más que con este rondeño.Tenia un estupendo sentido del humor y nos reíamos hasta de nuestra sombra. Y alguien que te hace reír es difícil de olvidar. DEP.

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