Un recuerdo a las costaleras que ya no están


Inmaculada Aranda realiza el pregón del Costalero que organiza la hermandad de la Cena. La pregonera reclamó luchar contra la violencia de género

costalero
Inmaculada Aranda durante su pregón./Foto: Paco Román

“No soy de muchas palabras, al ser mujer de Ciencias me resulta difícil expresar mis sentimientos, por lo que exaltar al costalero supone un complicado diagnóstico de difícil tratamiento”. Así comenzaba Inmaculada Aranda du pregón. Sin embargo y desciendo a la primera mujer que ocupa el atril por el que han pasado Ángel Varo, Francisco Pérez Cantillo y David S. Pinto Sáez, entre otros; el relato de esta hermana del Amor y la Universitaria estuvo lleno de momentos en que el sentimiento pudo a la razón, durante la decimosegunda edición del pregón del Costalero que organiza la hermandad de la Sagrada Cena.
Inmaculada Aranda, junto a Carlos Herencia y Manuel Bonilla./Foto: Paco Román

A través de cinco misterios, Aranda mostró sus profundas convicciones católicas. Y reivindicó el papel de la mujer que, claro está, también ocupa un lugar debajo de los pasos, donde las trabajaderas igualan el trabajo bien hecho. La Encarnación del Hijo de Dios; la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel; el Nacimiento del Hijo de Dios en Belén; la Purificación de Nuestra Señora y Presentación de Jesús en el Templo; y el Niño Jesús perdido y hallado en el templo conformaron un pregón en el que hubo espacio para la reivindicación:
“Tu rostro Señor lo vi reflejado en la cara de Petra, maltratada, deformado por los grandes golpes que sufrió. Caída en el suelo, con su pelo rubio tintado de dolor, un dolor extremo. ¡Cuánta crueldad derramada sobre su cuerpo! Hoy desde aquí, desde este atril quisiera alzar mi voz en defensa de la mujer. No más violencia de género. Son muchas mujeres las que han sufrido, sufren y sufrirán maltrato por parte de unos locos. Luchemos para que esto no ocurra más, que el dolor que sufrió Petra aquel día y que jamás de mi memoria se borrará, nadie lo vuelva a sufrir nunca más. María, Madre de Gracia, Madre de Piedad y Misericordia, defiéndenos del enemigo, ahora y en la hora de nuestra muerte”.
Inmaculada Aranda./Foto: Paco Román

Un alegato necesario que, en su epílogo, encontró el recuerdo más emocionado a las costaleras que se fueron. Ello a través de hermosos versos que encontraron el reconocimiento del numeroso público que se citó en la antigua iglesia de la Magdalena:
“Costaleras y madres de familia
Costaleras de corazón y alma
Costaleras que se os apagó la vida.
Costaleras Rosa, Maria de la Sierra
Que desde el balcón del cielo
Contempláis cada año esas levantás.
Petalás que desde el cielo dedicáis
A vuestra Virgen
Virgen de la Encarnación  
¡Madre mía, qué levantás!”

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