Correr para ayudar: Nace la primera 'Carrera Don Antonio Gómez Aguilar'



A cualquier cofrade, de cierta edad, le brota una sonrisa instantánea al escuchar el nombre de Antonio Gómez Aguilar. Y es que el que fuera párroco de la Trinidad (un “sacerdote Santo”, como no duda en afirmar uno de sus sucesores en la parroquia, José Juan Jiménez Güeto), tiene un lugar privilegiado en la historia de moderna de las hermandades cordobesas. Sin embargo, la figura de este cura va mucho más allá. Y es que, bajo su auspicio, se fundó la Obra Pía de la Trinidad y, por eso, la luz en la mirada no solo brota de los cofrades, sino de tantos alumnos, profesores y feligreses que disfrutaron de una persona elegida por Dios para dejar a Córdoba un legado impagable: el de la educación.
El mismo se actualiza estos días gracias al proyecto del Colegio Trinidad. Integrado en la Fundación diocesana de Enseñanza Santos Mártires, el centro educativo celebrará el próximo 7 de marzo, la primera Carrera Don Antonio Gómez Aguilar: Corremos por Picota. La iniciativa, que aúna historia, deporte y solidaridad.
El proyecto

Gómez Aguilar
Colegio Trinidad./Foto: LVC

El centro educativo Trinidad como entidad de ideario católico organizadora de este proyecto, apuesta firmemente por la actividad física y el deporte como instrumento de transformación social y considera que el planteamiento y la inclusión del alumnado en actividades que apoyen la misión que la diócesis de Córdoba desarrolla en Picota (Perú), fomentará la creación de ciudadanos comprometidos con la labor misionera de su Diócesis, la erradicación de la pobreza y la mejora de la calidad de vida de las personas que habitan en el mundo. Partiendo de esta premisa, surge la primera Carrera Don Antonio Gómez Aguilar: Corremos por Picota, una actividad académica que aúna la participación en una actividad física saludable con el apoyo a la Misión, para que con los fondos recaudados pueda seguir anunciando la Alegría del Evangelio a sus 130 comunidades, la mayor parte de ellas dispersas por la selva.
La responsable
La profesora responsable de la actividad es Belén Donoso Pérez, jefa de departamento ciclo TAFAD. Ésta explica que ya se organizó una actividad similar el año pasado, si bien no llevaba el nombre del fundador de la Obra Pía. Aquella carrera popular (destinada, al igual que la actual a la comunidad educativa, desde infantil hasta los ciclos formativos, incluidos padres y profesores) tenía un precio de inscripción simbólico, de tan solo 2 euros. Los beneficios recaudados se destinaron a la ONG con la que Donoso colabora en África como cooperante, de cara a construir un hospital donde las mujeres pudiesen dar a luz.
Donoso recuerda que, en aquella oportunidad, “participaron 850 personas. Si bien, es verdad que hubo muchas que no se enteraron a tiempo”. Por lo que para la carrera homenaje a Gómez Aguilar prevé igualar, cuanto menos esos números. Y ha insistido en los beneficios de una actividad que “aúna el deporte, la formación y potencia la capacidad de los alumnos para organizar eventos”. A ello hay que sumar que, el nombre elegido, evidentemente, no es al azar, ya que “se pretende mantener vivo el recuerdo de nuestro fundador”.
El contenido solidario
A través de los fondos recaudados, Fundación y colegio pretenden proveer medicinas para el dispensario de las Hermanas Compasionistas: allí son inaccesibles para gran parte de la población, son caras y se venden por unidades. La mayoría de los habitantes no puede comprar una caja de antihistamínico o analgésico, lo compran pastilla a pastilla. Ofrecer recursos para ayudar a los enfermos sin medios: no hay sanidad pública, por lo que todos los tratamientos tienen que pagarse. Los misioneros recogen y acompañan a los enfermos sin recursos al hospital de Tarapoto. Apoyar al comedor para niños y ancianos que dan de comer cada día a 130 personas. Las familias colaboran de forma voluntaria ayudando en la cocina, limpieza, mantenimiento, etc. Aportar material escolar a las escuelas de apoyo de la zona. Ofrecer recursos para que se puedan seguir realizando las visitas a las zonas rurales con el fin de que se pueda seguir anunciando la Alegría del Evangelio.
Un homenaje bien recibido
Estrella
Nuestro Padre Jesús de la Redención, llegando al monumento de Gómez Aguilar./Foto: Eva M. Pavón

Por su parte, el actual párroco de la Trinidad, José Juan Jiménez Güeto, ha querido mostrar su emocionado agradecimiento por esta iniciativa. Es por ello que ha dado “las gracias a Dios porque ha habido una profesora, tocada en el corazón por Dios, para mantener viva la memoria de un sacerdote Santo”. Igualmente, el presbítero ha felicitado “al colegio de la Trinidad -perteneciente a la parroquia del mismo nombre y cedido temporalmente a la Fundación diocesana de Enseñanza Santos Mártires- y también a la junta directiva de la Fundación por no haber desvinculado a los colegios fundados en la parroquia”.
El párroco de la Trinidad “agradece, tanto personalmente como en nombre de la comunidad parroquial, al obispo que con iniciativas como la que ha puesto en marcha esta profesora no se pierda la memoria de un santo cura como fue don Antonio Gómez Aguilar”. Asimismo ha adelantado que el próximo 8 de marzo, el templo trinitario acogerá una Eucaristía de acción de gracias por este ilusionante proyecto.
Una personalidad que trascendió a su tiempo
siglo
Antonio Gómez Aguilar, imponiendo la corona a María Santísima Nazarena./Foto: LVC

En el Paseo de la Victoria, cercano a su parroquia, al antiguo colegio de la Trinidad -ahora museo- o la residencia, el busto del sacerdote Antonio Gómez Aguilar atestigua parte de la historia de la Córdoba del siglo XX. Prácticamente, un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su memoria sigue muy viva, no solo en cuanto al aspecto primordial de su ministerio, la importante labor social que realizó; sino que un buen número de cofradías pudieron nacer, crecer y consolidarse, gracias a su labor dinamizadora y dispuesta siempre al servicio.
Don Antonio, como lo nombran quienes tuvieron la oportunidad de conocerle, nunca escatimó su ayuda a las hermandades que la solicitaron. Un ejemplo elocuente de su compromiso con las cofradías, lo explicaba el fundador de la Soledad, Carmelo García. Éste narraba como el grupo de jóvenes que supusieron el germen de la corporación franciscana buscaban un templo donde establecer su sede canónica. Ante la imposibilidad de establecerse en el convento de las Capuchinas y en la iglesia de San Miguel, los cofrades fueron a la búsqueda de Gómez Aguilar. Así y una vez le expusieron su situación, el sacerdote salió a decir misa. A su regreso, les indicó que, mientras daba el sacramento de la eucaristía había pensado que el mejor sitio para la naciente hermandad podía ser la parroquia de Santiago. Como recuerda el fundador de la Soledad, “si la idea había surgido ante el Señor Sacramentado, esa era la iglesia a la que debíamos acudir”.
Gómez Aguilar nacía en la víspera de la festividad de la Epifanía, 5 de enero de 1927. En 1939, entraba en el Seminario Mayor de San Pelagio de Córdoba. Fue uno de los siete sacerdotes ordenados tras la Guerra Civil, a la edad de 23 años. En 1953, fue nombrado párroco de la iglesia de San José y Espíritu Santo. Allí colaboró en la reedificación de la barriada de Fray Albino y en la ampliación del templo. En 1963 es nombrado párroco de la Trinidad. Un año más tarde funda el colegio Santísima Trinidad, al que seguirán el de la Santísima Trinidad II, dos parvularios, en las calles Colina y Burón y González López; varias guarderías infantiles; centros de Formación Profesional en las calles Lope de Hoces, Tejón y Marín, Buen Pastor y Sansueña; otro de Bachillerato y COU en Sansueña; así como tres residencias de ancianos (Santa María Magdalena, San Fernando y Santísima Trinidad). Una inmensa labor que, durante la década de 1980, se articularía en torno a la institución de la Obra Pía, que ha llegado a la actualidad y que mantiene vivas su labor y su figura, para comprender una porción importante de la Córdoba de la segunda mitad del pasado siglo.

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