Córdoba rinde homenaje al Cristo de Gracia


El crucificado de los Trinitarios hace historia, presidiendo el Vía Crucis de la Agrupación en el 400 aniversario de su llegada a Córdoba

Córdoba
El Cristo de Gracia en la Catedral, portado por los hermanos mayores del Jueves Santo./Foto: LVC

La imagen del Santísimo Cristo de Gracia ya protege el convento de la Encarnación. Ello tras una tarde histórica, en la que el crucificado más imponente de la Semana Santa de Córdoba no solo ha cruzado sus calles, sino que ha rasgado los estratos de la historia de la ciudad para llegar hasta su templo mayor. Allí ha presidido el Vía Crucis de las Hermandades y todas se han rendido a una devoción que, durante cuatro siglos exactos, no ha hecho sino crecer.
Uno de sus hermanos siempre afirma que su Esparraguero es “el más grande”. Y a tenor de lo vivido en las calles de Córdoba debe tomarse por cierto. Y es que los devotos han sido muy numerosos, pero -más allá de la cuantificación material- no deja de ser cierto que en torno al crucificado de los Trinitarios brota algo especial: la luz de la fe. Sin su agrupación tocando Reo de Muerte, sin la Plaza del Alpargate repleta a rebosar en la ya madrugada del Viernes Santo, ni las saetas del duelo que quiebra la voz y parte el alma de la ciudad que durante siglos le ha cantado, rezado y llorado; sin todo ello, la sola presencia “del más grande” ha bastado para que el tiempo retornarse a aquella primera procesión de rogativas del siglo XVII.

Generación tras generación, trinitario tras trinitario, la custodia del Cristo de Gracia -o la del Cristo a sus devotos- ha llegado hasta este primer sábado de Cuaresma de 2018. Una jornada histórica que, en la llegada al convento de la Encarnación, ha mostrado el gusto de su hermandad por el cuidado de los detalles, sabiendo aprovechar el histórico momento.
A esta hora, el Esparraguero cuida a su ciudad desde su corazón histórico. Muy cerca de la casa de Miguel Arjona, la noche de un día histórico se cierra como en la penumbra del paso de otro Jueves Santo. Y entre tanto, en la mañana de este domingo, la ciudad podrá disfrutar un poquito más de él. Como en aquella primera procesión de rogativas, Córdoba le ha vuelto a rezar, a pedir, a llorar, a enamorarse de él como el primer día.

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