Siempre a los pies del Cristo de la Expiración


Las calles de la Judería dejaron una imagen poco acostumbrada del Cristo de la Expiración, bañado por los rayos del sol, y con la Virgen del Silencio siempre a sus pies

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El Cristo de la Expiración en la calle Conde y Luque./Foto: LVC

El traslado extraordinario del Santísimo Cristo de la Expiración a la Catedral, con motivo de la función principal en el templo mayor por el centenario de la reorganización de la hermandad en San Pablo, dejó momentos difícilmente repetibles. Ya desde antes de la salida la sucesión de acontecimientos auguraba un día de intensas emociones. Sin ir más lejos, las predicciones meteorológicas vaticinaban lluvia. Un hecho que, afortunadamente, no se produjo.
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El Cristo de la Expiración en la calle Conde y Luque./Foto: LVC

Y ello propició que, como en el amanecer de un Viernes Santo lejano, la cofradía transitase por las calles de Córdoba a plena luz del día. Para dejar, en las calles de la Judería estampas de profunda belleza devocional y estética. Ello, siempre con la Virgen del Silencio a los pies. Y es que, ya desde 1904, con el Cristo de la Expiración en San Pablo contaban las crónicas que se le unió una Virgen de los Dolores. Mientras que en los años ’60 se le cambia la advocación a la actual. Y, en aquella época, ya aparece ataviada con el gran manto que le regaló la marquesa del Boïl en los años ’20 del pasado siglo.
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El Cristo de la Expiración en la calle Conde y Luque./Foto: LVC

La salida dejó, además, el estreno de las nuevas potencias, de piezas musicales e, incluso, la imagen del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, frente al Cristo de la Expiración. Esto último en el umbral del Arco de las Bendiciones de la Catedral, donde el hermano mayor, José Luis Cerezo, le hizo entrega de un grabado. Y todo ello, siempre, bajo la mirada de la madre, de la Virgen de los Dolores y ahora del Silencio, al pie de la cruz. Como en aquella inolvidable marcha de Álvarez Beigbeder.