De cofrades ejemplares y mejores cofrades


Carlos Romero Berral falleció el 16 de abril de 1945 dejando tras de sí una extensísima labor no sólo cofrade, sino humanitaria en nuestra ciudad

Berral
Entrega del pergamino a Carlos Romero Berral./Foto: Archivo David S. Pinto Sáez

(David S. Pinto Sáez). Más allá de la definición que establezcan lo estatutos, un cofrade ejemplar debería ser aquel que, conocido y reconocido por gran parte de los cofrades, haya mejorado a las hermandades y cofradías de Córdoba, las condiciones en las que trabajan, la situación social en la que éstas se desenvuelven y/o la percepción que de ellas tiene el resto de la ciudadanía; a través de su trabajo, sus proyectos, sus versos o su obra.
Algunos piensan que para ser cofrade ejemplar es imprescindible no cobrar por los servicios prestados a las cofradías, aunque yo no termino de tener claro este concepto. En la historia cofrade andaluza han existido personajes absolutamente revolucionarios que han provocado un acercamiento del pueblo a las cofradías (¿o tal vez al contrario?), que hoy merecerían nombramientos como el de cofrade ejemplar, y que cobraron por su trabajo. Me refiero a artistas como Juan Manuel Rodríguez Ojeda o el cordobés Juan de Mesa y Velasco, para quien incluso se ha llegado a pedir su elevación a los altares; ¿cuántas personas se habrán acercado a Dios a través de su obra?
Hace tan sólo unos días se celebraba en Córdoba la tradicional cabalgata de SS.MM los Reyes Magos de Oriente, la cual se celebró por primera vez en Córdoba el 5 de enero de 1925 gracias al tesón del rector de la parroquia de San Francisco y San Eulogio, d. Carlos Romero Berral; quien no sólo la incorporó a nuestro calendario anual, sino que la consolidó en los años sucesivos (según nos explica Juan José Primo Jurado en su artículo Carlos Romero y la Cabalgata de Reyes, publicado en ABC el 2 de enero de 2012).
Tan sólo este hecho valdría para justificar el nombramiento a título póstumo de Romero Berral como cofrade ejemplar, tal y como exponía hace tan sólo unos días en una conocida red social el cofrade Rafael Mª Gutiérrez Cuyar. Y desde luego que no es baladí la propuesta, pues gracias a aquella iniciativa, con más de 90 años de vida, hoy en día la mayoría de hermandades disfrutan de visitas de SS.MM., nuestras bandas recogen regalos en diferentes pasacalles para entregárselos a Melchor, Gaspar y Baltasar, e incluso acompañan a los diferentes pajes reales que cada año recogen las cartas de nuestros hijos a los sones de agrupaciones cordobesas.
Sin embargo nuestro recuerdo a la relación de Romero Berral con las cofradías cordobesas, y a su sociedad en general, no ha hecho nada más que comenzar.
Fue el 5 de julio de 1918 cuando se publica la Real Orden del Ministerio de Gracia y Justicia remitida al obispo de Córdoba, doctor Guillamet y Coma, por la cual se comunica que S.M. Alfonso XIII aprobaba la propuesta para la provisión de Curatos vacantes en la diócesis de Córdoba, y nombrando dentro del apartado de Curato de término para el de San Francisco y San Eulogio de Córdoba a don Carlos Romero Berral. Tomó posesión del cargo el día 31 de julio de ese mismo año y tras ocupar la plaza de coadjutor de la parroquial de San Pedro durante los dos últimos años. Tomaba el testigo en San Francisco de don Emilio Salinas Diéguez, dándole posesión el de San Pedro, don Francisco Muñoz Romero.
Ya por entonces era un personaje bastante conocido en nuestra ciudad, pues desde febrero de 1915 ocupaba el cargo de profesor especial de Religión y Moral de las Escuelas Normales de maestros y maestras de Córdoba. Sus pregones y sermones eran muy conocidos y apreciados, destacando algunos como las Glorias y Excelencias que ofreció al Apóstol San Rafael con motivo de sus fiestas de ese mismo año. Poco después, concretamente en 1917, fue nombrado catedrático de Religión y Moral del Instituto Nacional de Segunda Enseñanza y de las Escuelas Normales de Maestras y Maestros, cargo que quedó vacante por defunción del canónigo don Fidel Bermejo Cerezo.
Durante aquellos años, y debido a la vinculación con la iglesia de San Pedro, se hizo habitual su participación en la procesión anual de Nuestra Señora del Socorro hasta la citada iglesia, donde se le dedicaba su novena anual; fiesta que predicó en más de una ocasión. Igualmente participaba en la procesión de regreso a su ermita, cuyo momento más esperado solía ser su trascurrir por la plaza Mayor (Corredera) y el estallido de cohetes de los vecinos.
Desde septiembre de 1918, tan sólo dos meses después de su toma de posesión en San Francisco, se tiene constancia de su participación cada mes de septiembre en las novenas que se celebraban en su propia ermita a la imagen de Nuestra Señora de la Aurora.
En febrero de 1922, y como presidente de la Hermandad del Huerto, propone a la Junta directiva que la hermandad se hiciera cargo de la imagen de “Jesús Amarrado a la Columna, la cual carecía de Cofradía”, aprobándose por unanimidad y pasando a denominarse a partir de dicho momento “Hermandad de Nuestro Padre Jesús en el Huerto y del Señor Amarrado a la Columna”. Su participación en los cultos anuales de esta hermandad se extendieron hasta prácticamente su muerte.
En 1923 la hermandad de los Dolores de Córdoba abrió suscripción popular con el objetivo de confeccionar un nuevo manto e introducir mejoras en el paso procesional. La iniciativa fue aprobada y bendecida por el propio obispo de Córdoba, apareciendo el nombre de Romero Berral como uno de los suscriptores, con 5 pesetas. Su participación en este tipo de iniciativas fue constante en su vida, recordando su colaboración en otras fiestas populares y verbenas como la de la Virgen de los Faroles, para la que solía aportaba regalos que eran sorteados durante la misma. A todo ello se unirán las suscripciones populares que, desde 1925, organizó para poder costear las Cabalgatas de Reyes Magos; y con independencia de los fondos liberados anualmente del presupuesto municipal, que eran entregados personalmente a Romero Berral para su organización.
Durante estos años, y a pesar de no contar aún con hermandad propia, promovió la celebración de quinarios en honor del Señor de la Caridad de San Francisco, siendo él mismo el encargado de predicarlos. A este respecto cabe recordar que el domingo 1 de mayo de 1938 celebraron reunión, bajo la presidencia de Carlos Romero Berral, “varios entusiastas devotos del Santísimo Cristo de la Caridad que se venera en dicha parroquia, para prodecer a la elección de una Junta de Gobierno que rija acertadamente los destino de esta nueva Hermandad y Cofradía que se constituye en Córdoba como filial de la de Nuestra Señora de las Angustias y cuyos pasos harán un desfile procesional el próximo año formando una sola procesión”.
La labor de Romero Berral vuelve a ser fundamental para la nueva cofradía, hasta el punto de ser él mismo quien bendice la nueva capilla de la hermandad en la festividad del Corpus Christi (23 de mayo) de 1940, y ceder en 1941 un local para las actividades de secretaría y reunión.
Sus prédicas en honor de San Rafael se hacen habituales desde 1915, pues como buen cordobés profesaba gran devoción al Arcángel. A ello sumará el honor que le supuso bendecir el Triunfo de la plaza del Potro, tras su traslado en octubre de 1924 desde la plaza del Ángel.
Igualmente predicó en las fiestas a San Ignacio de Loyola, celebradas en San Hipólito; en las de Santa Teresa de Jesús, en el Internado Teresiano; en las de Nuestra Señora de la Fuensanta, costeadas por el Ayuntamiento de la ciudad; en las de la Virgen del Carmen de Puerta Nueva, a petición de los cofrades del Santo Escapulario; en los cultos al Patriarca San José, en El Salvador; durante el Triduo al Sagrado Corazón de Jesús de San Pedro, por petición del Apostolado de Oración; durante el octavario que la Ilustre Hermandad del Santísimo y los Santos Mártires dedicaba a las sagradas reliquias, igualmente en San Pedro; durante las fiestas en honor a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento, dedicadas a su patrona por las hermanas adoratrices, o al Santísimo Cristo de Gracia, durante los cultos organizados por la Pía Asociación de la Santísimo Trinidad y Santo Cristo de Gracia, entre otros.
Su popularidad es ya notoria por aquellas fechas, siendo muestra de ello, y meramente como ejemplo, la dedicatoria que Berenguer Ramón (presbítero) le ofreció en su artículo/sermón que bajo el título “El Perdón” publicaba en primera página del Diario de Córdoba del Viernes Santo de 1926, o en el publicado el día 2 de noviembre de 1935 bajo el título de “El Purgatorio”.
En 1926, como presidente de la hermandad del Huerto, es el propio Romero Berral quien publica un comunicado dirigido a los miembros de la del Huerto, en el que les informa de las normas a seguir para poder participar en la procesión del Santo Entierro en representación.
En 1927 el Huerto contaba como hermano mayor con d. Rafael López Cansino, si bien Romero Berral aún se presenta como el verdadero alma mater de la cofradía. No en vano, Diario de Córdoba publica el Martes Santo de ese mismo año: “Merced al celo desplegado en estos últimos meses por el rector de la parroquial de San Francisco don Carlos Romero Berral y el hermano mayor de la Hermandad don Rafael López Cansino, así como los demás señores que integran la Junta directiva, se ha logrado aumentar el número de hermano y es de esperar que en años sucesivos, realizadas las mejoras que tienen en proyecto, sea una de las principales cofradías de Córdoba”.
A dichas referencias se pueden añadir otras muchas como su participación en la procesión de la Virgen del Rosario de la iglesia de San Agustín, o la dirección de las fiestas que el Ilustre Colegio de Orífices y plateros celebraba en aquellos años en honor de su patrón. De hecho fue el propio Berral quien favoreció la instalación del retablo a la Virgen de los Plateros en el por entonces denominado Jardín de los Plateros; en la fachada principal de la parroquia. La bendición del retablo fue realizada por el párroco en la tarde del 24 de agosto de 1927, instantes después de haber bendecido la nueva Cruz del Rastro; heredera de la instalada por la Hermandad de la Caridad en recuerdo de la matanza de 1473.

1927 Sagrado Corazón de Jesús San Francisco

Se le reconoce la fundación de las Escuelas del Ave María, cuyos alumnos participaban activamente de muchos de los actos cofrades celebrados en nuestra ciudad. Entre ellos podemos recordar las procesiones que desde la propia parroquia se organizaron con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús a finales de 1920 y principios de 1930. En ellas los más pequeños participaban vestidos de monaguillos y angelitos, y los mayores como miembros de la banda de trompetas del Ave María (fundada por el propio Romero Berral en marzo de 1924). Tenemos conocimiento de la existencia de hasta dos imágenes diferentes del Sagrado Corazón de Jesús en dichas procesiones, las cuales corresponderían, casi con total seguridad, a las que el propio Romero Berral bendijo los domingos 3 y 10 de junio de 1921 para ser posteriormente entronizados en el Centro Católico y Centro de Acción Católica de la Mujer, respectivamente. Sus respectivos traslados desde la iglesia, donde fueron bendecidas, se realizaron en sendas procesiones cuyo acompañamiento se conformó con los propios alumnos de dichas escuelas con estandartes y la banda anteriormente citada.

1930 Sagrado Corazón de Jesús San Francisco

Esta banda solía acompañar a diferentes hermandades de la ciudad como fueron las del Huerto o Calvario, cobrando por ello una cantidad que ayudaba a su sostenimiento y la educación de sus alumnos, si bien también fue habitual contar con la participación de la banda, de manera desinteresada, para actuaciones benéficas. Curiosamente algún año llegaron a aceptar ofertas superiores de alguna localidad de la provincia.

1930 Nuestro Padre Jesús en el Huerto.

Su reconocimiento social alcanzó niveles extraordinarios durante la década de 1920, a lo que colaboraron hechos como el ofrecimiento al alcalde de la ciudad, señor Barrios Rejano, de los locales de las escuelas del Ave María y de Acción Social Católica de la Mujer para los heridos y enfermos de la guerra de Marruecos; lo que le valió el reconocimiento del pleno del Ayuntamiento del 22 de agosto de 1921.

Carlos Romero Berral fue curisamente, quien dio la extremaunción a Julio Romero de Torres tras ser requerido por la familia del pintor tras el colapso que sufrió y que le impediría confesar. Esto se debe a que el pintor tenía su domicilio en Córdoba dentro de la collación de San Francisco y San Eulogio, participando posteriormente el párroco en la suscripción abierta para la construcción de un monumento al artista tras su fallecimiento, con 10 pesetas.
Su reconocimiento social le hizo ser nombrado miembro de la comisión de evaluación del repartimiento vecinal, Comisión Provincial de Beneficencia, miembro de la Comisión organizadora del homenaje a José Cruz Conde (1925), o vocal de la Junta de Gobierno de la Cooperativa de Funcionarios Públicos.

La Voz Carlos Romero Berral Hijo Predilecto de la ciudad

En 1935 recibió el nombramiento como Hijo Predilecto (por el Ayuntamiento de Córdoba) de la ciudad de Córdoba, así como el de Oficial de la Orden de la República (por el Gobierno de la Nación), ambos por su dedicación a los más pequeños y desfavorecidos de la ciudad, su labor constante de cultura a favor de los niños, así como por la organización de la festividad de los Reyes Magos.

La Voz Carlos Romero Berral Hijo Predilecto de la ciudad

Se abrió una suscripción popular a través de la que se reunieron cerca de 1.100 pesetas, las cuales dedicó a reservar una cama en el Hogar y Clínica de San Rafael, establecido en la Huerta de San Pablo, tras cuyo gesto el director del centro anunció la reserva de una cama con el nombre de “Carlos Romero”.
El sábado 6 de octubre se le entregó, en su domicilio, el nombramiento de Caballero de la Orden de República y del pergamino nombrándole Hijo Predilecto de la ciudad (obra del artista cordobés José Fernández Márquez. El Ayuntamiento quiso haberlo celebrado en el propio salón de plenos del Ayuntamiento, si bien la humildad del presbítero no lo consintió, debiéndose celebrar en su propio hogar y en presencia de la Comisión organizadora así como de algunos miembros del Cabildo y del propio Gobernador.
Tras todo lo anterior y sin dejar nunca su trabajo en beneficio de los más pequeños y desfavorecidos, falleció el 16 de abril de 1945 dejando tras de sí una extensísima labor no sólo cofrade, sino humanitaria en nuestra ciudad. No dejó ningún bien material, si bien impulsó, y mucho, el de varias de nuestras hermandades y cofradías, representando hoy en día un verdadero ejemplo como gran cofrade cordobés.
¿Sería su legado suficiente para ser también ejemplar? ¿Será suficiente para cubrir un nuevo desierto en el título de Cofrade Ejemplar?
Aquí queda mi voto.

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