De tal capataz, tal astilla


capataz
Fernando Chiachío./Foto: Álvaro Córdoba

Tanto en el ámbito de los costaleros como en el de los capataces hay nombres -o más bien apellidos- que provienen de una larga tradición. En Córdoba, a pocos es ajeno el apellido Sáez, Muñoz o Torronteras. Si bien, otros empiezan a cobrar fuerza en el mundo del costal, a la hora de dirigir pasos. Éste es el caso de Fernando Chiachío y José Molina, que este martes acompañaban al capataz del Niño Jesús de la Compañía, Lázaro Tena.


En el caso de Chiachío, su apellido lleva irremediablemente a asociarlo con su padre y la labor realizada, durante décadas en las hermandades del Nazareno y del Calvario. Mientras que, por parte de Molina, también existe ese vínculo con la labor que realizara el otrora capataz de la hermandad del Miércoles Santo, ya que su progenitor -José María-, fue contraguía de Fernando.

Ahora, sus hijos comparten labores de auxilio a Tena en el paso de la Compañía. Allí, los tres están llevando a cabo una interesante labor, que ha quedado refrendada en el número de costaleros que conforman la cuadrilla, alrededor de 50. Si bien y más allá de los niveles cuantitativos, cabe destacar que se está haciendo un trabajo que va más allá. De tal manera que se están formando a cofrades para un futuro que, en cuanto a Chiachío y Molina, ya está aquí.

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