Jaume Vives: “Cuando vives en la calle descubres que no tienes ni idea de lo que hay dentro”


Jaume Vives./Foto: LVC

Fue a través de los Jóvenes de San José por los que el periodista, Jaume Vives, decidió pasar ocho días viviendo en la calle y conociendo una realidad, que seguiría de cerca durante meses. Con “los dos condicionantes de que tenía hogar y que el tiempo era limitado”, Vives se empapó de una realidad paralela, de la que surgió un libro. A ello hay que sumar que, su condición de católico comprometido le hizo ir a Líbano e Irak a conocer de primera mano lo que allí se vive. De aquella experiencia vital surgió un documental, que ha presentado en Córdoba. Además de otro, este pasado verano, que pronto verá la luz. Fue a través de los Jóvenes de San José por los que el periodista, Jaume Vives, decidió pasar ocho días viviendo en la calle y conociendo una realidad, que seguiría de cerca durante meses. Con “los dos condicionantes de que tenía hogar y que el tiempo era limitado”, Vives se empapó de una realidad paralela, de la que surgió un libro. A ello hay que sumar que, su condición de católico comprometido le hizo ir a Líbano e Irak a conocer de primera mano lo que allí se vive. De aquella experiencia vital surgió un documental, que ha presentado en Córdoba. Además de otro, este pasado verano, que pronto verá la luz.
En la siguiente entrevista, el análisis de Vives va más allá de los hechos y, en cada afirmación, hay un sustrato profundo de ética y denuncia de la realidad que, pese a que puede “escandalizar”, es fruto de lo vivido con poco más de veinte años de edad.
-¿Cómo llega a irse a Líbano y a Irak?
-La cuestión me empieza a interesar cuando descubro que hay cristianos perseguidos, por el hecho de ser cristianos. Comencé a leer esas noticias en diarios digitales con pocos lectores y me costaba creer que eso fuera cierto. Pensaba que eran católicos que expresaban esa crudeza, que no se ajustaba a la realidad, para mover el corazón de las personas. Y cuando que sí es verdad, veo la dimensión del problema. Hay gente que pierde su trabajo, su casa e incluso la vida en otros lugares y comparo con lo que ocurre aquí que, como mucho, puedes hacer el ridículo. Por eso vi la importancia de ir allí, coger esos testimonios y traerlos aquí.
-¿Qué hay allí?
-Algo que no vemos en las noticias, que no se nos explica. Es un genocidio con todas las letras. En diez años un millón de cristianos han desaparecido de Irak. O los han expulsado, o los han matado. Familias enteras que lo han perdido todo, solo por su fe: sus casas, su trabajo, sus estudios, viven en las calles, etc. Lo que comen es porque se lo da la Iglesia, lo que visten es porque se lo da la Iglesia… Pero tienen alegría. No guardan rencor ni buscan venganza y no piden explicaciones al Señor. Aceptan lo que les ha venido.
-¿Cómo no se puede guardar rencor?
Jaume Vives
Jaume Vives./Foto: LVC

-Es un misterio. Lo normal sería tener sed de venganza. Es fruto de una fe profunda y de una gracia que el Señor les da. Ellos son capaces de perdonar y, humanamente, es muy difícil comprenderlo. Y, al ver su alegría y su paz, te preguntas cómo nosotros que lo tenemos todo envidiemos eso. Solo porque el Señor les sostiene, no entendido como un refugio psicológico para no sufrir.
-También ha estado en la calle.
-El mundo de la calle es bastante diferente. Te encuentras a gente que está en esa situación porque en la vida le ha ido mal, o porque se lo han buscado. Es un lugar en el que a medida que va pasando el tiempo, si no tienes la cabeza muy bien amueblada, te va desgastando, machacando, y cuanto más tiempo estás es más difícil que puedas salir. Es gente que, muchas veces se resigna y deja de luchar.
-¿Cómo es la calle?
-Hay una realidad paralela que desconocemos. Uno ve a la gente que pide, a los mendigos que duermen en los cajeros, pero cuando vives con ellos descubres que no tienes ni idea de lo que hay dentro. Cómo se organizan, cómo viven, lo que sienten, sus inquietudes. Daría para hablar cuatro horas. Por ejemplo, nadie pasa hambre hoy día en España, todo el mundo puede comer. Sin embargo, la gente de la calle se pasa todo el día hablando de comida, porque pueden comer, pero no lo que quieren. Aunque es peor no poder hacerlo -no es durísimo-, no puedes escoger ningún día. Además hay mucha homosexualidad. Se pasan viendo mujeres todo el día y, cuando llega la noche y ven que no han conseguido a ninguna, practican sexo entre ellos. Como en las cárceles de las películas. Muchos tienen pensiones de 600, 700 u 800 euros al mes y, cuando cobran, algunos se lo gastan en mujeres, cocaína, en estar con chavales jóvenes… Uno me enseñaba la libreta el día 5 y le quedaba un euro.
-¿Cómo es un día en la calle?
-Hay muchas horas muertas. Al principio estaba muy entretenido porque aprendes a dónde vas a desayunar, a comer, a cenar. Pero cuando ya sabes que, a las doce comerás en tal sitio y son las siete de la mañana, qué haces. Al final te das cuenta de que somos muy parecidos en todo. El hombre, esté en la calle o en un palacio, lo que quiere es amar y ser amado. En la medida en que no es capaz de eso tiene un profundo daño en su interior, que busca llenar con algo. La sociedad te ofrece mucho ruido (nada de silencio), trabaja mucho para evadirte de esa realidad, el sexo, la bebida. Qué sucede, que uno ve a una persona que vive en la calle un lunes a las ocho de la mañana borracha y se escandaliza. Y luego llega el viernes y nos emborrachamos antes de ir a la discoteca. O se escandalizan porque iban unas chicas de fiesta y un mendigo se masturbó, en un cajero, delante de ellas. Luego vas a la discoteca y pillas lo Nosotros hemos normalizado una serie de conductas y ellos no tienen normas ¿Qué diferencia hay? Que los dos estáis buscando salir de una realidad incómoda.
-¿Doble moral?
-Sí, claro. Es lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Es como a un mendigo que echaron de la biblioteca por ver pornografía y yo me escandalizo. En cambio, tus colegas salen de fiesta, éste se pilla a ésta, etc., eso es normal. Es banalizar el sexo. Y también ocurre con el alcohol, que ves a chavales arrastrados cualquier fin de semana por la noche. El hombre quiere ser feliz y, cuando no lo consigue, busca elementos, aunque estos sean equivocados.
-¿Cómo se llega a vivir en la calle?
calle
-Te encuentras de todo. Gente que llega por problemas de drogas y otros que, al caer en la calle, comienza con la droga. Problemas con la familia y pierde el trabajo: a la calle. Personas que llegan de otro país a buscar trabajo, lo pierde: a la calle. Es una especie de telaraña en la que se rompe un hilo (familia, trabajo…), no resiste el peso y la araña cae al suelo. Que se rompa es fácil, reconstruirla es complicado.
-¿Se puede salir?
-Es muy complicado, pero sí. Y, cuántos más años llevas, más difícil es. Uno al final se acostumbra a la incomodidad. Y el tiempo hace que tus amigos y tu vida están en la calle.
-¿Cuál es el camino?
-La amistad. Cualquier iniciativa que no pase por establecer un vínculo entre la persona que está viviendo en la calle y la que lo quiere ayudar, si no es fracasar. Si vas como amigo, entonces hay algo más de posibilidades. Es como si un adulto le dice a un chaval que deje de fumar porros, porque lo están machando. No te hace caso porque piensa que sus amigos también lo hacen. Pero si este mismo adulto se hace colega del muchacho, existe una posibilidad.

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