Se despejan las dudas sobre las imágenes del misterio de Gracia


La evolución del paso de misterio del Cristo de Gracia ha sido el tema central de la mesa redonda que ha celebrado la hermandad


(JoaquÍn de Velasco). El grupo joven de la hermandad del Santísimo Cristo de Gracia ha organizado una mesa redonda titulada “La Oficial del Santo Entierro, el Santísimo Cristo de Gracia y algunas consideraciones sobre la configuración del paso de misterio, en el siglo XIX”. La forzada ausencia del ponente David Simón Pinto redujo la terna inicial a un mano a mano entre los historiadores Enrique León y María José Escribano, que desgranaron interesantes datos sobre la participación de la imagen de origen mexicano en la procesión del Santo Entierro y la evolución del misterio.
La ponencia se centró de inicio en el Decreto de Trevilla, sus circunstancias, y la grave crisis en que sumió a las cofradias, ya que en la práctica desaparecieron las procesiones de Semana Santa de Córdoba durante 30 años cordobesas. León incidió especialmente en la crisis de la primera mitad de XIX, y la pérdida de patrimonio cultural y patrimonial en las hermandades existentes.
“La estética cordobesa languidece a lo largo del s. XIX, fruto de las exclaustraciones, la desamortización y las ideas ilustradas propias de la época, poco amigas de todo aquello que recordara al Antiguo Régimen,el barroco y el Absolutismo” afirmó León, mientras se proyectaban imágenes de las peanas que constituían los primitivos pasos procesionales cordobeses. El ponente continuó explicando cómo la estética Sevillana se introduce prácticamente con la recuperación de la Semana Santa en 1849, en la que la comisión municipal que organiza la procesión oficial del Santo Entierro se convierte en un auténtico mecenas de las cofradías. Gracias a esta comisión regresan a la ciudad las túnicas, hasta entonces prohibidas por el decreto episcopal. En 1866 el ayuntamiento regaló los hábitos nazarenos a la cofradía del Cristo de Gracia. Y en ese contexto de mecenazgo se inserta el estreno en 1896 de las andas y del grupo escultórico de Virgen, San Juan y la Magdalena.
León explicó cómo la imagen de los Trinitarios era trasladada unos días antes del Viernes Santo al convento de Jesús Crucificado – Actualmente residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados- para adornar sus andas de cara a la participación en la procesión del Santo Entierro. El Cristo por aquél entonces procesionaba sobre su peana barroca.
El hermano mayor del Sepulcro concluyó apuntando interesantes datos sobre la posible autoría de la Virgen de los Dolores y Misericordia y las imágenes secundarias. Por la similitud en fechas y origen con Un Sagrado Corazón de Jesús que estuvo en la parroquia de la Compañía, y actualmente recibe culto en Peñarroya, deduce que las imágenes podrían proceder de la empresa Camilo Miralles y Cía. y estar ejecutadas por el escultor Marco Venancio.
La historiadora del Arte María José Escribano comenzó su intervención con un acercamiento al momento escultórico de la ciudad de Valencia a finales del siglo XIX, y aus formas semi industriales de producción y distribución comercial, incluso con catálogos fotográficos como el conservado en Yecla sobre la obra de Marco Venancio, que ha supuesto una importante ayuda en la investigación de los ponentes.
Venancio es uno de los autores más afamados de su tiempo en el Levante Español, aunque la producción de la empresa para la que trabaja se acerca al concepto de industrial. A raíz de esa posible autoría, Escribano analizó la producción de este escultor nacido en Yecla y afincado en Valencia, que fue muy prolífico a finales del XIX, llegando a tener unas cien imágenes repartidas por numerosos puntos de la geografía Española y especialmente levantina, si bien un gran número de ellas se perdió en la Guerra Civil. Las imágenes proyectadas denotaban una gran similitud con las cordobesas.
La oradora analizó detenidamente las imágenes de la cofradía, desde el punto de vista técnico, y comentó las similitudes y diferencias de éstas con el resto de la producción del autor, como el tamaño, proporcionado al titular cristífero. Concluyó, junto con León, y con los aportes que en la fase previa realizó Pinto, que con práctica certeza correspondería al artista citado. No obstante, los intervinientes puntualizaron prudentemente que su afirmación no llegaba más allá de una atribución fundada y razonable, debido a la ausencia de documentación.
Concluyó Escribano con un análisis de la evolución de la composición del paso de misterio, en el que las imágenes han cambiado su disposición a lo largo del tiempo.

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