“Aunque haya pasos y cornetas en la calle, dentro de las iglesias se viven los momentos más bonitos”

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El florista cordobés, Rafael Cuevas, valora el desarrollo del taller que ha impartido al grupo joven de la hermandad del Caído

Rafael Cuevas durante el desarrollo del taller./Foto: Caído

Meses después de participar en el ciclo de conferencias que organiza el grupo joven de la hermandad del Caído; el florista cordobés, Rafael Cuevas, ha vuelto a la cofradía de San Cayetano. Y lo ha hecho para impartir un taller en el que ha mostrado algunas de las claves de este arte. Por ello, Cuevas ha desvelado que les explicó que “ayudar a un florista es una de las cosas más bonitas y emotivas que puede hacer un grupo joven”.
“Les dije que tuvieran en cuenta que el florista es el último que se baja del paso, después de que lo hayan hecho el prioste, el mayordomo y el vestidor”, ha destacado Cuevas. “Por tanto, les pedí que aprovechen esos momentos previos, la noche de antes, que, aunque haya muchos pasos en la calle, muchas cornetas y muchas bandas, dentro de las iglesias quedamos solo los floristas. Y esos son los momentos más bonitos para formarse como cofrade”.
El acto consistió en una clase teórico- práctica. Cuevas realizó un breve recorrido por los exornos florales de la Semana Santa de Córdoba: desde los primeros años en que se utilizaban las flores de los huertos, después las innovaciones de Martínez Cerrillo, hasta llegar a personajes como Plácido Pérez y a los actuales. Para, posteriormente, realizar un friso de paso de Cristo y una jarra de flor variada para una Virgen.
“Ellos mismos me ayudaron a cortar la flor, a ver cómo se mojan las esponjas y cuál es la mejor forma de colocarlas”. En esa línea, el florista ha subrayado que “quería que fuese una clase práctica, porque pienso que una de las maneras de acercarse a las cofradías es por la vía material, en el sentido de manipulación de la materia. Tocar la plata, las flores, los terciopelos…” A lo que ha añadido que, “en esa edad tan difícil y en una sociedad desacralizada, tan fría, precisamente, lo que aportan las hermandades a los jóvenes es todo lo contrario: carne, materia. Y la flor es un elemento del que pueden sacar bastante provecho”

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