Un decálogo para el Cristo de Gracia


El periodista y canónigo, Antonio Gil, ofrece una interesante conferencia en la que tiene como espectador de excepción al poeta cordobés, Pablo García Baena

Gracia
Foto de familia, tras la conferencia de Antonio Gil./Foto: CdG

La sede de la Fundación Miguel Castillejo se ha llenado este viernes de hermanos del Cristo de Gracia, que no querían pasar por alto uno de los actos más interesantes, que la cofradía del Jueves Santo ha organizado con motivo del 400 aniversario de la llegada del crucificado a Córdoba. Se ha tratado de la primera conferencia de un ciclo en el que se abordarán distintos aspectos relacionados con la venerada imagen.
El encargado de inaugurar el ciclo ha sido el periodista y canónigo, Antonio Gil, una de las mentes más privilegiadas de la ciudad durante las últimas décadas. El interés que siempre despierta el ponente ha quedado de manifiesto tanto en el nutrido número de asistentes como en la relevancia de algunos de ellos. Estos eran los casos del General Sánchez y el del poeta, recientemente nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Córdoba, Pablo García Baena.

Tras una presentación en que el cofrade del Cristo de Gracia, Rafael Herencia, ha desgranado los actos que la hermandad lleva realizados, desde que hace dos meses se presentara el programa en ese mismo espacio y glosado la figura del canónigo; Gil ha comenzado su intervención poniendo de relieve que no se trataba de una conferencia, sino de un encuentro puesto que es Cristo quien está en el centro del mismo.
Seguidamente, el sacerdote ha expuesto diez conceptos sobre lo que supone el Cristo de Gracia. Desde esa misma Gracia que lleva en su advocación hasta el pecado, Gil ha ido exponiendo las líneas maestras -de forma sistemática y concisa- los conceptos que han de tener presentes los hermanos durante esta celebración. Asimismo, el canónigo ha advertido de los peligros en que se halla inmersa la sociedad actual, ofreciendo igualmente soluciones a los distintos problemas planteados. A ello hay que añadir el cariño con que, en todo momento, se ha dirigido tanto a los presentes como a la imagen que cumple 400 años de devoción en Córdoba.

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