La voz de fray Ricardo y la letanía a la Reina de los Ángeles


El rosario de la aurora de la dolorosa de la hermandad de la Sangre deja una estampa por la que no pasa el tiempo

Ángeles
La Reina de los Ángeles en su rosario de la aurora./Foto: LVC

Hay veces que los dos principios latinos del memento mori (recuerda que morirás), y el tempus fugit no se cumplen. Sin embargo, en las cofradías sí, pasen 30, 40 ó 50 años. Y eso ha pasado hoy en el rosario de la aurora que ha celebrado la hermandad de la Sangre. El mismo sol acariciando a la Reina de los Ángeles por las mismas calles; la misma voz de fray Ricardo proclamando las mismas letanías; la misma cal sobre las paerillas de Capuchinos; la misma buganvilla asomando; la misma campana del Císter, repicando cuando pasa la Virgen; el mismo saquito que te pusite para el primer rosario de la aurora al que fuiste.
Unas sensaciones que evocan al pasado en un presente que, como recuerda el conocido cofrade, Rafael Cuevas, “parecen evocar los versos de Lorca en Doña Rosita la Soltera”. Una percepción del tiempo diferente, donde “seguimos igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie”, sólo a la Virgen, al fraile, a la bungavilla, a las paredes inmemoriales del convento, a esa campana que siempre anuncia la hora exacta de la devoción, a ese sol que acaricia el rosto de la Reina de los Ángeles.

Por Capuchinos, Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, Bailío, Carbonell y Morand, Plaza del Cardenal Toledo, Ramírez de las Casa Deza y Conde de Torres Cabrera, la mañana se llena con la luz del cielo del que baja la Virgen de los Ángeles, para regalar a Córdoba esa estampa, ese recuerdo, el memento mori que llegará y en el que la Reina te abrazará como en la mañana tibia del día de Todos los Santos

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